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MANZANAS
De
chico supe muy bien que mi mamá tenía ideas
inquebrantables y bien definidas. Encontraba los conceptos
en diversos lugares. Un programa de televisión,
una revista, la charla con una amiga.
Yo
recuerdo siempre sus ideas. A pesar de que algunas dejó
de repetirlas sé que las tiene bien presentes.
El
otro día estaba de sobremesa junto con mi hermana
y recordé una de sus ideas. Vi que tenía
un plato de manzanas cortadas y peladas y un trozo de
la fruta en la mano. Miré a mi hermanita Paulita
que estaba a mi lado y vi que tenía su plato repleto
de manzanas cortadas.
Sonreí
recordando una de las ideas que hasta el cansancio repitió
mi mamá cuando era chico. En seguida, le mostré
el trozo de manzana a Paulita y le dije, mientras mamá
caminaba ordenando los platos:
-¿Sabés para qué son las manzanas?
“Para la inteligencia”, gritó mamá
desde la cocina.
Sonreí frente a la mirada desconcertante de Paulita.
“Vos no me crees, pero las manzanas son para la
inteligencia”, insistió mamá.
Ella
siempre estuvo convencida. Cuando era chico salía
corriendo del comedor para ir hasta el living con mi hermano
a ver televisión. Minutos después aparecía
mi mamá con dos platos de manzanas cortadas y peladas.
Yo
pasé muchos años fuera de mi casa porque
me fui a estudiar. Pero con el tiempo tuve la suerte de
comprobar que mi mamá sigue igual. Conserva intacta
la misma capacidad de amar.
Ayer leía el diario mientras escuché que
le gritó a Paula:
- Paula, ¿qué querés que te pele?
“Manzanas, para la inteligencia”, grito Paulita
desde su pieza.
Yo
no sé para qué son las manzanas. Pero mi
hermano está terminando una teoría basada
en la relatividad. Carla, mi otra hermana, tiene la habilidad
de enamorar a quien se cruza frente a sus ojos. Paulita
me dijo que aprendió a manejar en el primer intento.
Y no chocó, a pesar de que no llega a los pedales.
¿Y
yo? Yo me confieso todos los meses sin ir hasta la iglesia.
Y no tengo penitencias.
Juan
Manuel Valentini
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