CARGADO DE PALABRAS

Recuerdo que hace algunos años recurrí a una práctica frecuente que me cargaba de palabras. En distintos momentos y situaciones estaba frente a Flavia y le decía: - Decime Flavia, ¿cómo soy? Ella no tardaba en pronunciar palabras. Bueno. Sensible. Creativo. Y otras que me dan cierta vergüenza escribirlas.

Flavia tomaba el juego seriamente. Cada vez que llegaba mi pregunta, esperaba unos minutos, me miraba contemplándome y empezaba a pronunciar palabras que calmaban el alma. Era imposible que Flavia se niegue a decirlas. En aquel ejercicio ella también indagaba. Creo que mientras intentaba construirme, buscaba entre el mundo los términos más justos, los más apropiados. Sólo cuando estaba convencida los decía.

Muchas veces esa situación me inquietaba. Yo quería siempre otra palabra. Pero sólo llegaban con cierto ritmo pausado. Ella me miraba, yo escuchaba. El silencio aparecía entre los dos para despertar mis ansias.

Aquel ritual lo repetíamos con cierta frecuencia. Todavía en determinado momento vuelve a convocarnos. Como a Flavia le interesó el juego, ella también solía disfrutarlo. Cada vez que terminaba de darme sus palabras me exigía que salga corriendo por el mundo para mostrarle cuáles le correspondían a ella.

Entonces, me escuchaba, como tantas veces, reflexionando en silencio.

Juan Manuel Valentini


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
20/11/2007 12:06:59 »» Mercedes:
muy emotivo el texto, me trae recuerdos muy lindos. Felicitaciones

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