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SILBIDOS
Y ABRAZOS
Sueño
que algún iré por la calle y sorpresivamente
me encontraré con algunos de ustedes con los brazos
levantados. Sí, caminando como peatones, lentos
o apurados, pero con los brazos en alto abrazando el cielo.
Después
de todo, no existe persona en el mundo que pueda robarnos
el chiflido, ese breve silbato cómplice que años
atrás aparecía en cada esquina y que lo
han echado a patadas de la sociedad argentina. ¿Recuerdan?
Parece
que fue ayer cuando iba a Monte Hermoso con mis padres
y en pleno sol unos albañiles procuraban recomponer
la ruta. ¿Qué hacían? Chiflaban.
Sí, chiflaban y reían, como cientos de argentinos
que se permitían andar por la vida envueltos en
circunstancias cotidianas, pero con el corazón
tumbando a repeticiones infinitas.
Allá
iban, adelante. Recorrían las calles con la frente
en alto mientras se cruzaban con personas que parecían
felices o bien insinuaban que la felicidad tenía
que ver muy poco con la utopía.
Entre
nosotros, y nadie más. Debemos volver a las calles.
El día menos pensado debemos levantarnos temprano,
bien temprano. Y a pesar de la bronca, la impotencia y
el justificado sentimiento de estafa, debemos salir impulsados
chiflando bien fuerte y con los brazos tocando el cielo.
No
nos robarán la ilusión, nadie tiene derecho
a llevarse nuestra ingenuidad al hombro. De burlar a nuestros
sueños, de atentar contra nuestra dignidad.
El
otro día, en esas situaciones impensadas de la
vida, alguien se puso nervioso cuando le dije: Entiendo
tu bronca, tu ira, pero no entiendo tu forma. Romper todo
es para mí una receta imperfecta.
Después
de todo, al país no hay que destruirlo, hay que
construirlo. Será que siempre fue más fácil
soplar el castillo de naipes que armarlo resistente. Quizá
ese es nuestro desafío.
Vamos
sí. Vamos a levantarnos mañana. Silbaremos
por las calles, treparemos al corralón, miraremos
por encima de las circunstancias; y tal vez, cuando menos
lo esperemos, nos abracemos con la utopía.
Tengo
una receta: Silbidos y abrazos.
Doy
fe, no tiene contraindicaciones médicas.
Juan
Manuel Valentini
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