| Cuando
vayas a decir que soy un tonto
Vicente
Muleiro. Planeta. 356 páginas. $ 29.
ISBN: 950-49-1205-2
   
Por
Juan Manuel Valentini
Vicente
Muleiro, porteño nacido en 1951, sabe muy bien
lo que hizo. No por nada obtuvo el premio Periodismo Rey
de España en 1998. Se desempeñó como
periodista en reconocidos medios y actualmente ostenta
el título de editor de la revista cultural Ñ.
Entre sus obras se destacan las novelas “Quedarse
con la dama” (1994) y “Sangre de cualquier
grupo” (1996). También “Don Perro de
Mendoza” (2003), un libro de cuentos para chicos.
Y “El dictador” (2001), referido a Jorge Rafael
Videla, que publicó en coautoría con María
Seoane.
En “Cuando vayas a decir que soy un tonto”,
Muleiro llevó su imaginación hasta la casa
de Los Ligero, una familia humilde que está hundida
en la pobreza. Dolores trabaja a desgano como personal
de limpieza. Martín es un jubilado precoz que a
los 38 años recibe una pensión por invalidez.
Los chicos, Quique y Marcelo, son dos atorrantes que andan
por la vida en busca de sus destinos.
El libro relata las vivencias de la familia que reside
en un conventillo de San Isidro, cuando en el '55 un golpe
de estado derroca a Perón.
El
relato llega a emparentarse con la novela histórica
cuando los personajes viven en carne propia la situación
del país. Serán momentos en los que las
cuestiones ideológicas se exhiban sin titubeos
al ritmo de la narración. Así, el autor
se hará un espacio para propinarle unos buenos
golpes a Carlos Menem y defenestrar a Isaac Rojas. Todo
con imágenes envidiables y al ritmo de una pluma
poética.
Un
mundillo de personajes participan de la novela. Hablan
sin pelos en la lengua, y pronuncian malas palabras que
exceden la inventiva y logran registros adecuados. Todos
transitan situaciones que tienen como máximos protagonistas
a Quique y a Marcelo.
El
autor construye los personajes con meticulosidad y los
define paulatinamente. Por momentos se incorpora como
participante ajeno a los hechos, haciéndose presente
en el relato para detenerlo y advertir sobre sucesos futuros.
El
crecimiento de los muchachos avanza al compás de
la vida familiar. Dolores les impone un estricto duelo
ante el fallecimiento de su padre. Pero los chicos quieren
recuperar sus vidas y liberarse del hogar que ahora comandaba
Néstor, el amante de su madre.
Es
cierto que a Quique lo hace más serio que Marcelo.
Pero vociferará la frase “Me cago en Dios”
cuando deja el colegio de sacerdotes para volver a su
antigua escuela o acompañará a su hermano
a llevarse de la casa un revolver que tenían prohibido.
Marcelo
llevará una vida más contrariada. Repite
de año, abandona su casa, sufre por amor y vive
una internación en una clínica psiquiátrica.
Hasta que se recupera y su talento musical le abre camino
a un futuro venturoso.
La vida de la familia continúa al compás
de destellos de humor que con atino inserta el autor.
Suelen ser frases cortas y efectivas que disparan carcajadas.
Poco
a poco los jóvenes encontrarán un lugar
en el mundo. Marcelo se hará bailantero y escribirá
“Cuando vayas a decir que soy un tonto”, el
hit de su grupo Rugido que apuntaba al corazón
de su enamorada. Quique abrirá las puertas de un
monasterio, hasta que el llamado a cumplir con el servicio
militar decida su destino.
Rugido
será el grupo del momento. Un éxito arrollador
que hace bailar a las multitudes. Mientras que la milicia
se convertirá en el escenario que decida el futuro
de Quique.
Será el momento en que el autor arremeta contra
instituciones y que lance a Marcelo a cometer justicia.
Un plan que llevará al muchacho a relacionarse
con malhechores y que marcará el pulso del final
del libro.
“Cuando
vayas a decir que soy un tonto” derrocha intelecto.
Es un mundo fascinante que Muleiro narró con maestría.
Y avanza empujado por ráfagas de humor. La verosimilitud
que se logra a partir de los detalles y la imaginación
irrefrenable hacen pensar en la obra de García
Márquez. Pero el conjunto de técnicas que
apela el autor demuestran que le sobra personalidad al
relato.
Ha juzgar por la calidad de la obra, Muleiro se ha ganado
el cielo. Doy fe, es cierto.
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