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Especial | Entrevista a Vicente Muleiro

"Me divertí y lloré escribiendo la novela"
El autor de “Cuando vayas a decir que soy un tonto” habló con El Confesionario Reveló cómo concibió su novela y narró el proceso de escritura

Por Juan Manuel Valentini

Vicente Muleiro se dedicó dos años a su libro. El tiempo fue suficiente para que la novela sea finalista del premio Planeta y encuentre su espacio en las principales mesas de las librerías argentinas. Dos años bastaron para que “Cuando vayas a decir que soy un tonto” desarrolle con genialidad un mundo popular que transcurre en la Argentina desde la década del 50’.

“Me divertí muchísimo escribiendo esa novela. También lloré porque yo digo que es una novela de montaña rusa. De repente tiene momentos epifánicos y tiene caídas existenciales también muy fuertes”, dice Vicente Muleiro, en la redacción de Clarín, rodeado de computadoras y periodistas.

"Mi mayor cualidad es la constancia en un mundo donde escribir libros no implica ninguna gratificación."

¿Cómo concibió su novela?
Siempre la tuve en mi cabeza porque rescata climas autobiográficos. Quería reflejar mundos populares en la narrativa y en la novela. No veo que la literatura argentina los aborde. Me parece un universo muy fuerte, con mucha tensión dramática y muy interesante para trasladarlo al lector.

¿Tenía definido el comienzo, el desenlace y el final antes de la escritura?
Suelo hacer un plan de obra que después trasgredo absolutamente. Pero sí, tenía concebido sobre todo el mundo de la infancia. Lo que pasa es que quería llegar a los 90` y me faltaba un nexo que encontré con la merluza. Así logré llegar al menemismo con la depredación que hubo en el mar argentino.

¿Cómo fue escribiendo la novela?
Yo suelo escribir en novela con cierta disciplina. Por las mañanas dos o tres horas. Sigo el consejo de Hemingway que dice que antes de dejar de escribir hay que saber como comenzar al día siguiente. En ese sentido la máquina de la imaginación está como entrenada en ir buscando carriles e ir tendiendo rieles y tramas. Hubo cosas sorpresivas, por ejemplo personajes que crecieron mucho.

"Me parece que el humor es un producto de la cultura. Si se ausenta todo se empobrece."

Hay autores que definen puntillosamente los personajes antes de la escritura. ¿Cómo los modeló usted?
Tenía muy mezclados a Quique y a Marcelo. Al punto que alguien ya me observó que era un personaje desdoblado en dos. Me costó mucho delinear a la madre, este personaje me generó mucho esfuerzo para dejarlo en su lugar, un lugar raro, entre su egoísmo y su sufrimiento. Y me aparecieron personajes que traté de sacarlos de la maqueta.

Es frecuente la inclusión de un “nosotros” en la narración. ¿Por qué lo utilizó?
Porque me interesa la polifonía de voces. Me gusta que haya varias voces, por eso me desdoblo en varias. El nosotros que aparece todavía no sé qué es. Uso el nosotros como una técnica de verosimilitud.

¿En la medida que avanzaba en el relato debatía con otros escritores o amigos sobre el desarrollo de la novela?
No, yo le di a un amigo la novela para que la lea una vez que la tenía terminada.

Hay en el relato malas palabras. ¿Por qué hace un uso recurrente de de ellas?
En ese mundo hay toda una musicalidad seca de las malas palabras que me parece muy interesante. Hay un pasaje en el que conseguí revivir el placer de darme el permiso de decir malas palabras. Es algo que cuando uno es chico lo tiene prohibido.

Muchos autores afirman que corrigen bastante sus textos. ¿Usted rescribió mucho?
Rescribí pero no tanto. Lo que hice fue un trabajo de mucho emprolijamiento. Pulí frases, esas cosas.

"Con esta novela siento que encontré mi lenguaje. Es un lenguaje muy argentino."

El humor va acompañando a la narración. Aunque por momentos se ausenta del relato. ¿Tenía pautado cómo introducirlo en el texto?
No lo tenía definido, uno no sabe cuándo podía saltar. Yo considero al humor como un elemento inseparable de la cultura. Me parece que el humor es un producto de la cultura. Si se ausenta todo se empobrece.

¿Qué aprendió al finalizar la novela?
Antes hice dos novelas que estaban algo sobre escritas. Buscaba demasiado escribir bien. Había una sobre escritura que no me permitía encontrar mi lenguaje. Con esta novela siento que encontré mi lenguaje. Es un lenguaje muy argentino.

Como escritor, ¿Cuál considera que es su mayor cualidad y cuál es su mayor defecto?
Mi mayor cualidad es la constancia en un mundo donde escribir libros no implica ninguna gratificación. Sin embargo tengo un primer nivel de placer de dedicarme a la escritura. El espacio que me hice para escribir más allá del destino que tengan los productos, ese sería mi mayor logro. El mayor defecto es que me gustaría ser más orgánico en la escritura.

¿No tiene una rutina como escritor?
Sí, tengo una rutina de escritor. Trabajo de 8.30 a 12.30 salvo que se esté por morir un familiar directo.