| La búsqueda La playa es muy atractiva por las tardes. Padres, madres e hijos, y sobre todo turistas, concurren. a un costado de estas presencias, es decir, alejado, me encuentro yo, sentado sobre mi canoa, sin camisa, con un sombrero de paja toquilla y en compañía de Sarnalais, mi nuevo perro. Estoy preparando las redes para ir de pesca; un Noruego se acerca y me pregunta en español: ¿Conoce algún hotel cercano? Le señalo con el dedo índice la dirección que debe seguir, me agradece y se retira corriendo. La brisa es fuerte y el sol intenso; observo el océano con ojos diferentes, nuevos, reconfortantes, pero me distrae de aquello los ladridos de Sarnalais y su lengua extendida que embarra mi brazo y luego mi cara. Le brindo agua y nos aventuramos al mar en la canoa. Sarnalais permanece sentado delante, contemplando las gaviotas, y yo desde atrás remo, sonrío. Sarnalais nunca ha sentido temor al agua; cuando pescamos guarda silencio hasta que la presa esté dentro de la canoa, es entonces cuando se altera y ladra. Retornamos
a la playa. El crepúsculo aparece, la ventisca nos envuelve y
hace más frío que de costumbre. Encendemos una fogata
y preparamos, mientras nos secamos, los peces fritos que tanto nos gustan. Ken
Jairo
Edad: 21 País: Ecuador Residencia: Machala Ocupación: Estudiante Hobby: Leer y escribir Fecha de publicación: 01/04/2003
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