El reencuentro

Estoy en la terraza del Aeropuerto Internacional de Ezeiza. El calor es sofocante y el viento que corre es por demás caluroso, refugiándome en el pequeño espacio de sombra en el cual, todos los que están esperando la llegada del vuelo 456, de Europa han buscado. Estamos apretujados en un mismo lugar, como si viajáramos en un colectivo repleto, con empujones, hablando a gritos. Mientras unos miran el cielo de vez en cuando, para ver si aparece el dichoso aparato, otros, van preparando los pañuelos, para llorar, saludar a los que llegarán, o sonarse las narices, simplemente.

Un punto en el espacio. Desbandada hacia la barandilla. No, es una avioneta que pasa de largo. Vuelta a acomodarse en el rectángulo de sombra. De pronto, la llegada de un vuelo y, en esa confusión, aterriza el que llega de Europa. Nueva corrida, saludos, otra vez los gritos. Los pañuelos se agitan y las lágrimas comienzan a fluir no obstante no haber aparecido la persona esperada; pero debe estar, sin dudas, entre los que bajan.

-¿Este es el que viene de España?- y me da un empujón para apoyarse mejor en la barandilla.
-Sí de Europa -contesto molesto- mientras trato de ver si la persona que fui a buscar está en esa interminable seguidilla de pequeños puntos movibles que salen lentamente del interior de semejante aparato, como si fuera un enorme hormiguero en forma de cilindro plateado.
-¿Pero viene de España, no?- Nuevo empujón mientras revuelve la cartera en busca de algo, de un pañuelo, supongo, a la vez que trata de meter al hombre que la acompaña....

He quedado en encontrarnos en la confitería, así que bajo, me siento y espero, escapando del pandemónium que se ha armado sobre la terraza.

Horacio Morrone llega de Europa, específicamente de París, luego de haber estado ausente de Argentina por espacio de veinte años.¡Qué alegría cuando nos pusimos en comunicación!.Charlaríamos hasta por los codos del tiempo pasado, visitaríamos lugares que nos traerían miles de recuerdos...encontrarnos después de tanto tiempo. Sería una semana inolvidable.

Estoy tomando un café, cuando de pronto, alguien me toma de los hombros y me besa el cuello.

-¡Guillo! !Guillo!, ¡cuánto tiempo!!!! Y nos abrazamos y nos besamos y nos separamos para mirarnos y nos estrujamos. ¡Cuánto tiempo!!!.

-¡Horacio! ¡Horacio! -se me hace un nudo en la garganta- ¡Cómo ha pasado el tiempo!!!
Creo que no es necesario que lo mencionemos. Sí, ha pasado mucho tiempo, lo noto en su cara...él lo habrá notado en la mía.

-¿Tomás algo? ¿Un café? -me apresuro a separar una silla-.
-¿Es bueno? -Comienza a sentarse, acomodando un carterón que lleva colgando, un bolso de mano y las dos grandes valijas, sobre las cuales pone una pierna.-Ah, si aquí se toma café de Brasil o Colombia....
Me deja con algo amargo en la boca.

-¿Por qué ponés la pierna sobre las valijas?
-Para que no las roben, es que tienen una fama los de aquí.
-¿Los de acá? ¿Los argentinos?
-Tienen una fama terrible!! -Toma un sorbo de café y frunce la boca- ¡Qué gusto feo!.

Recién ahora me doy cuenta que habla con un acento extraño, una mezcla que me parece falsa. Que sus gestos son amanerados, con las muñecas llena de pequeñas pulseras. Deja el café sin tomar, luego comienza a recordar aquellos tiempos de la secundaria, del teatro, de las aventuras que juntos, disfrutábamos. Hace una seña al mozo, estirando su dedo índice donde luce un enorme anillo con una piedra indefinible.

-Un sándwich tostado. No muy tostado. No quemado. Que el jamón no sea muy salado y el queso no muy derretido.
El mozo miró extrañado, primero a él, luego a mí. Sentí que se me subían los colores.
-¡Es que estos negros son tan brutos!

¿Pero qué había pasado con aquél Horacio Morrone que había conocido hacía tanto tiempo?.Con quien habíamos comido pan solo, compartido un “pancho”o una porción de pizza, pues entonces los recursos no nos daban para más. Con el que había estudiado en la secundaria, en la escuela del Teatro Colón, las clases de pintura en Bellas Artes, el teatro independiente... Pareció leer mis pensamientos.

-Aquí no había futuro. No se por qué no me hiciste caso ¿Qué sos aquí? El jefe de una productora de mala muerte.

Cuando terminó de comer y hablar, pagué sin que él hiciera movimiento alguno, con el pretexto de que no tenía plata argentina.

-Vayamos a ver Buenos Aires-y cargó todo él solo hasta el auto.-“San Juan y Boedo antiguo...girón del cielo...”-cantó en forma destemplada-¿Te acordás cuando jugábamos al billar?
- Lo reformaron, ahora dan espectáculos de tango y se come más o menos bien.
-¿Y el bar de Rincón y Rivadavia?, te acordás cuando íbamos a estudiar y a escuchar tangos?
-Lo tiraron abajo, creo que van a hacer unos departamentos.
-¿El “Café de los Angelitos”’¿El de Gardel? Pero che no han dejado nada en pié. Han cambiado todo. Y el obelisco ¿lo dejaron? Sé que no existen más “El Aguila”, ”El Molino”,e “”Petit Café” .El obelisco ¿lo dejaron? Me pareció que su sonrisa era mefistofélica.

Corría todo lo que podía por las autopistas. Ya en el centro, tuvimos que cambiar de rumbo varias veces. En Congreso: por la marcha de los jubilados y los maestros. Por las madres de Plaza de Mayo allí donde estaban dando vueltas como siempre. Por los que cortaban los puentes y las avenidas. Para cada problema tenía algo sarcástico que decir. Me estaba descontrolando. Mis nervios estaban a punto de estallar.

-¿Esos quienes son los cartoneros? ¡Qué lástima!. Parece un pueblo de cirujas. ¡Pobre Buenos Aires!
No pude más. Frené de pronto.
-Pero decime che, Morrone, ¿a qué viniste a Buenos Aires?¿Qué comiste en París?-Me miró sorprendido, luego lentamente, como con desdén dijo:
- Me voy a Rio de Janeiro, al carnaval, es todo tan divertido. No hay problemas como aquí. Esto es tan triste.

-¿Pero a qué viniste entonces acá? ¿ A ver cómo han pasado los años?. Para mí y para vos han pasado. Estás hecho un viejo gagá y además, ¿te olvidás de tu apellido? ¿de lo que fuiste? También para Buenos Aires han pasado los años...Todo ha cambiado, todos hemos cambiado...-abrí la puerta del coche y le pedí que bajara, tirando sus bártulos en plena calle.

-¡Pero no aceptan ninguna crítica!. No dejarán de ser gauchos mal educados –Estaba rojo de furia-. Sus gritos se hicieron cada vez más destemplados –¡¡¡Así les vá!!!.

Parecíamos dos amantes despechados. La gente miraba sorprendida sin comprender nada. Arranqué pisando a fondo el acelerador, sin importarme lo que quedaba atrás. La semana programada para los recuerdos, se ha ido al cuerno. La esperanza de los recuerdos pasados, que debían volver, se ha esfumado.

Piso 25, hasta donde alcanza la vista, la ciudad se extiende. Las luces se van encendiendo poco a poco, como poco a poco van apareciendo las estrellas. Un enjambre de luces en un espacio que parece interminable, como si Buenos Aires fuera infinita. Toda la ciudad es un jardín luminoso. Sonrío, digan lo que digan, para mí, Buenos Aires, sigue siendo”La Reina del Plata”.

FIN

Antonio Guillermo Molina
País: Argentina
Residencia: Buenos Aires
Fecha de publicación: 10/04/2003


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
16/06/2003 21:37:11 »» martín:
perdón,por un error hice el comentario de esta narración en el cuento "en este mismo momento.."que también te pertenece, valgaloallí dicho,para este sitio.Un abrazo.
16/06/2003 21:27:31 »» CARMEN:
Te felicito.He leido varios cuentos tuyos y en todos encontré profundidad, alegrías y en este,un humor sarcástico a algo que estan real.El olvido del terruño de aquellos que, en el fondo,nunca lo quisieron.Felicitaciones.
13/04/2003 14:11:03 »» FRANCISCO:
Cada uno de los cuentos que aparecen escritos por Molina, me atrapan por sus diferentes argumentos,por sus distintas características.De humor,de tristeza,de suspenso.Este me hizo reir porla descripción insoportable del amigo, que
no difiere de los tantos que uno suele conocer.Te divierte,pero en el fondo ,es una realidad amarga. Felicitaciones.
12/04/2003 23:49:52 »» marimar:
Muy bueno tu relato. A medida que iba leyendo,al igual que tú, mi indignación crecía.No creas que tu amigo es el único, la mayoría regresan a su patria y olvidan que son argentinos.Son unos pobres infelices sin patria ni identidad.
! Viva nuestra Patria!

Un abrazo