| El santo enfado ¡Tu señor de los bucles plateados resplandecientes, oh señor, tu el Dios travieso! ¿Por qué de pronto apenas tienes la oportunidad y me haces vivir la pena de la larga espera? Esa que me hace ser más impaciente que nunca. Realmente siento que esto es el inicio, el medio y el final, no tengo ni fuerzas para rendirme ante la alta expectativa, sigo al acecho. Necesito que por favor aprietes ese gran botón rojo para recorrer rápidamente el tiempo (ese tal tiempo que sea tu voluntad, un poco al menos), ya que no quiero más seguir enfrascado en este tan oscuro y conciso efecto envolvente de mi vida por el que me haces pasar diariamente (este túnel que marea, este laberinto sin sensaciones) que tengo de carga en cada respiro de mi vida. Ya quiero tener el alid de la resurrección para emprender otra nueva cosa, porque esta que hago, ¡ME ABURRE! Quiero ocupar mi tiempo en otras cosas, inclusive en cosas que nunca antes he hecho; quiero corresponderte, pero TU TIENES LA OBLIGACIÓN de cambiar mi rumbo, yo soy el resultado de tus designios (recuerda), soy un novato en el camino del recorrer. ya incluso estoy cansado de tu gran experimento, se que soóo soy una rata blanca de aire acondicionado (contempla eso para lo próximo que me quieras enviar). Pero no se te olvide, yo ya quiero salir de esta jaula, incluso siento que me lo merezco, porque aquí sólo se hace lo que tú tienes programado. Creo fielmente en el destino que por ahí debes tener escrito en uno de tantos viejos y despedazados pergaminos. Mi devoción me incita a esperarme, pues considero que no debo revelarme contra ti, siento que ya pronto todo cambiará. estoy a tu merced, todo tiene explicación, porque si mal no recuerdo YO NO LO PROVOQUÉ, la culpa es tuya (gran alivio decirlo). Quiero colmarme de paciencia ante ti y gozar en alegría. medito. moriré en esta absurda idea, pero al cabo que fue mi destino, ¡establecer que me tocó vivir en esta vida cruel. y aceptarlo! Este santo enfado que es tu culpa. no la mía. Danielha Pereyda
|
|||||||