Un complicado cuadro político

Las resoluciones adoptadas por el Congreso Nacional del Partido Justicialista el 24 de enero abren una gran incógnita dentro de las filas de esa agrupación y, a su vez, dibujan con bastante aproximación lo que será el panorama electoral para el 27 de abril.

En primer lugar, puede darse ya por segura la realización de los comicios presidenciales en esa fecha y la entrega del mando un mes después. Los pasos dados por Duhalde y su gente (por gusto o porque no tenían escapatoria, lo mismo da), la permanente vigilancia de los otros grupos políticos para que la promesa del 27 de abril se cumpla y, sobre todo, la exigencia del FMI y del G7 de que este gobierno termine efectivamente el 25 de mayo para dar lugar a uno estable (teóricamente, al menos...), cierran todos los caminos que la picaresca política (de los duhaldistas, claro está) podría utilizar para postergar las elecciones.

Ahora, la campaña comenzará a calentarse.

En las filas justicialistas, en cambio, lo resuelto por el Congreso partidario es sólo un capítulo más de este culebrón en que se han transformado las internas del PJ. Todavía puede Menem trabar judicialmente el plan de Duhalde, aprovechando que la Dra. Servini de Cubría tiene viejos y sólidos vínculos con las huestes del ex presidente, y que una buena porción del Corte (4 de sus 9 miembros) sigue siendo una virtual unidad básica menemista en ese cuerpo.

Pero si Menem arremete con sus socios del Poder Judicial, Duhalde puede liquidarlo (o tratar de hacerlo) con la “cláusula gatillo” de la llamada Comisión de Acción Política. En ese novísimo organismo partidario, formado por una cuarentena de dirigentes, Duhalde debe tener cerca del 80% de votos a favor. Y ese “comando de campaña” tiene ahora facultades otorgadas por el Congreso para designar a dedo al candidato presidencial, si al 1° de marzo Menem sigue jugando con los jueces adictos. Lo único seguro es que habrá al menos tres candidatos que pretenden representar al peronismo (aunque ninguno lo representa verdaderamente): Kirchner, Menem y Rodríguez Saá. Lo que no se sabe, y es de muy aleatorio pronóstico, es si los tres podrán usar la sigla o los símbolos del PJ, si lo hará sólo uno de ellos o si no logrará usarlos ninguno. Aún puede correr mucha agua bajo los puentes justicialistas-menemistas-duhaldistas-rodríguezsaadistas, etc., etc.

Con ese “úkase” bastante dictatorial del Congreso, quedan fuera del PJ las otras candidaturas que intentaban abrirse camino en la jungla partidaria, incluida la de quien esto escribe, que ya había sido oficializada formalmente ante el presidente del Congreso partidario, diputado nacional Eduardo Camaño.

Además del terceto de candidatos del PJ, han quedado en pie sólo las candidaturas de la “izquierda progresista” (los “progre”, entre nosotros), me refiero a la diputada Elisa Carrió, y la de López Murphy, enarbolada por los sectores más opulentos y satisfechos, únicos verdaderos beneficiarios nativos del modelo impuesto por el Consenso de Washington.

Esas cinco postulaciones bien se pueden considerar como representativas del poder establecido: todos, cada uno con su matiz, juegan el partido programado desde Washington y Nueva York. Una por “izquierda”, otro por “derecha”, tres con la camiseta peronista (irreconocible ya de tanto manosearla), pero todos dicen amén cuando “his master voice” se deja escuchar desde Wall Street y el Departamento de Estado.

El radicalismo, por primera vez en muchos, muchísimos años, muestra signos de disolución. Aún no define su interna y, tal como están las cosas, es posible que presenciemos algunos actos más de su tragicomedia.

En oposición al modelo neoliberal de capitalismo salvaje, se alzan por “la izquierda” varios intentos pequeños, todos socialistas y algunos de ellos marxistas a secas. Pero el signo que los identifica por igual es la dispersión producida por el amor al quiosco propio. La Izquierda Unida, el Partido Obrero, el Socialista (el ex Democrático y el ex Popular) y el Socialita Auténtico, más el Humanista, los del partido de la Sra. Alicia Castro y alguno que se me debe estar olvidando en este momento, conforman un singular coro en el que cada voz canta por su cuenta y riesgo y se niega a aceptar un director de orquesta común.

Por el lado de lo que podríamos llamar, con cierta manga ancha, el campo nacional y popular, las cosas no andan mejor, al menos por lo que se ve hasta ahora. El Partido Socialista Auténtico (ya citado) ha privilegiado la búsqueda de un “Frente Socialista” (con la candidatura de Mario Mazzitelli) sobre otro de tipo nacional y popular. El Partido Popular de la Reconstrucción ha levantado la candidatura de Gustavo Breide Obeid. El Dr. Eduardo Conesa renunció a su candidatura para apoyar a un “mal menor” (Elisa Carrió). El Partido CAUSA y la Democracia Cristiana eligieron su propia fórmula: Manuel Herrera-Eduardo Cúneo. El MID hizo lo propio con Carlos Zaffore. Y el Movimiento Argentinos por la Patria-MAxPA y el Partido Poder Popular postulan a quien esto escribe. Seis candidaturas “nacionales y populares”. Ninguna con la más mínima posibilidad de hacer sombra en el suelo. Pero, hasta ahora, nadie se baja del caballo...

Es cierto que el modelo neoliberal y esta triste situación de dependencia del extranjero son productos de los miles de millones de dólares volcados a su favor por los poderes dominantes en el mundo y que se benefician con nuestra crisis, pero también es real que una de las mayores dificultades con que tropieza la tarea de liberarnos de ellos es la dispersión de quienes deberíamos estar unidos tras un objetivo patriótico, a costa de cualquier renunciamiento personal y/o grupal. Todavía estamos a tiempo, aunque los plazos se acortan peligrosamente.

Buenos Aires, 29 de enero de 2003.

Juan Gabriel Labaké
Fecha de publicación: 03/02/2003


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
No hay comentarios disponibles para este texto. Te invitamos a enviar el tuyo!