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Estaciones
"Dedicado a todos los que jamás gozaron de una dedicatoria." Hasta donde sé, la cosa es más o menos así: primero la arena caliente, el cielo azul, el desenfreno; sigue con las hojas del otoño planeando entre la gente, el té de las cinco; después son las bufandas contra la crudeza del frío y el sobretodo albergue de pañuelos, escándalo de estornudos y madrugadas oscuras. A casa temprano y la cama tibia; y por último (final incierto: comienzo fin y fin del comienzo) despertamos del dulce letargo para que otra vez el sol dore nuestras pieles, y las flores renacen como las mangas cortas y los correteos por el parque. Todo es otra vuelta más. Hasta donde sé, gesticulamos las primeras palabras, aprendemos a erguirnos, maduramos, y antes de caer del árbol ya estamos demasiado podridos (creemos en la dulzura de la putrefacción). Franqueamos límites hechos para ser franqueados y sufrimos las consecuencias. Aprendemos a vivir mientras enseñamos lo que es la vida. Nos quedamos dormidos con la televisión prendida y nos arremangamos por medio día para volver a nuestro pedazo de cielo y quedarnos dormidos otra vez. Todo es una vuelta alrededor de lo que no podemos mover y la lluvia cae a través del cristal, siempre del lado de afuera, de los que caminan apurados para llegar a un refugio, hasta que pare un poco, entonces vuelven a salir un día cualquiera, sufren la misma suerte, y caminan apurados hasta donde las gotas no los tocan. Damos vueltas en la cama, cansados, esperando que el sueño nos posea. Escuchamos el despertador y empezamos la jornada con esa rutina de cepillo de dientes, microondas y dónde están los zapatos. Cerrar la puerta, palparse los bolsillos y apurarse, siempre apurarse, siempre irse para volver, siempre el mismo techo sobre la misma cama con el mismo resplandor, siempre las ganas de tomarse un barco a cualquier lugar, a una isla desierta (hipócrita...aprendiste a amar la vida que la fatalidad te impuso), siempre el viejo sueño de volar, y alejarse, y perderse en el cielo, y el resplandor, y cuando todo es siempre lo mismo, tomar el control y cambiar de canal. Autor: Margarito
N. Rivera
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