Construyamos

Creo que es bueno compartir inquietudes, pensamientos y hasta sentimientos, así como esperanzas, en estas horas en que es indiscutible que la Nación requiere que sepamos encontrar un punto de inflexión, que hagamos una bisagra y reorientemos el rumbo de esta nave que zozobra.

Debo decir que, cuando parece que el señor Presidente ha comenzado a ponerse las pilas, desde muchos ángulos de los "formadores" de la opinión pública, se manifiestan contradicciones que, sinceramente, me han confundido y hasta me han dado bronca, porque creo advertir enormes contradicciones y la reiteración enfermiza de la defensa de intereses particulares.

Desde las voces más destacadas del espectro político, llámense gobernadores, legisladores, lo que también se da entre economistas, periodistas y gremialistas, pareciera que se rasgan las vestiduras y no hay nada que les venga bien. Parecen montados en la crítica por la crítica misma, que el reconocimiento de algo que apunta hacia un objetivo que todos reclamamos desde la unción del actual Presidente de la República.

Se dijo que era preciso que el gobierno escuchara el mensaje de las urnas y obrara en consecuencia. Y creo que ese mensaje tuvo un eje común del reclamo de cambios en la política económica y social, clamor sonoro que en buena medida "tapó" la angustia de la seguridad, porque primero se debe comer, vestir y atender la salud y la educación. Se reclamó bienestar, crecimiento y trabajo y que se mirara más hacia adentro, hacia la estructura productiva y la economía doméstica.

Era casi unánime en los discursos preelectorales la bronca contra el modelo y el FMI y el objetivo de replantear el pago de la deuda pública y privada, habida cuenta de su enormidad, su costo pantagruélico y su imposibilidad de pago como "país emergente". Se vociferó desde diversos vértices de la sociedad y desde las promesas de la descalificada "clase política" que debía terminarse con los ajustes, recaídos sobre los que menos tienen, trabajadores y jubilados, y aliviar la situación de la enorme cantidad de hermanos sin trabajo, marginados e indigentes. Y se gritaba el pedido de la equidad y la justicia, para que el esfuerzo recaiga sobre los que más tienen, sobre las empresas de servicios malversadas como patrimonio argentino, sobre el sector financiero, y los "popes" de la inversión especulativa. Bueno, y muchas otras cosas más en el mismo sentido. Frente a las medidas puestas en vigencia, tal vez inocentemente, me pregunto: ¿qué se persigue y qué se orienta con ellas? Humildemente, creo que se las anunció y parece cierto que se orientan al crecimiento, con un importante cambio de rumbo, con la búsqueda de una renegociación de las obligaciones del país frente a la enorme deuda pública, de la Nación y las provincias, francamente imposible de pagar en las condiciones actuales. Eso se reclamaba, entre anuncios de cesación de pagos, devaluación y dolarización... Opiniones éstas sostenidas seguramente por ocultos intereses especulativos y corruptos.

Humildemente, creo que las medidas apuntan a sincerar y cumplir con los compromisos de la deuda, pero diciendo francamente que como está, no se paga y que es preciso que se reduzcan los intereses usureros incorporados y que no estamos dispuestos a superar el 7% anual, para renegociar en esos términos, "voluntariamente". ¿Y a quién ha dolido esto? Por supuesto, a los financistas y especuladores del exterior y del interior y al privilegiado "sector financiero", llámense bancos o AFJP.

Así como está, ya nadie cree que la Argentina pueda pagar su enorme deuda y felizmente el gobierno parece haber tomado conciencia de ello. Cumplir, sí, como está no. ¿No era esto lo que se pedía desde todos los puntos cardinales del país? Para muchos, ahora parece que eso no está bien. Me hacen acordar a la "gata flora"...

Es cierto que estamos sufriendo descuentos importantes e injustos en sueldos de estatales y docentes, así como de los jubilados, cuyos beneficios debieran ser intangibles. Es cierto que se nos está "ensuciando" con moneda de papel, inventada en la circunstancia. El reclamo es que esos descuentos se retrotraigan o, por lo menos, sean más equitativos. Ahora se reduce el aporte de la seguridad social de los trabajadores al 5%, lo que en la práctica significa un aumento del 7% en esos haberes o, visto desde el ángulo de los malditos descuentos, es sostenible que se reducen en un 50%, cuando todos los rumores agoraban profundización de las quitas. Claro, el gobierno mantiene una gran deuda con los jubilados y, por lo menos, debiera hacer lo mismo con ellos.

Se habló a "rabiar" de la necesidad de bajar el IVA y, es obvio que, sin ser muy importante ni general como régimen impositivo, todos quienes compren con tarjetas de débito tendrán el beneficio de un IVA del 16% y el 18% en lugar del 21%. Esto también es un incremento de la capacidad de compra de los trabajadores en relación de dependencia, blanqueados. Sin embargo, parece que tampoco ésto conforma a quienes vienen subidos al tren de los reclamos por el reclamo mismo.

En fin, sin pretender que esto sea un análisis, sino sólo disquisiciones objetivas o comentarios en voz alta, creo que no vale la pena seguir, aunque quisiera aclarar algo y recordar que nos sigue convocando el objetivo de llegar a más gente, apuntando a la marginalidad y la indigencia y de lograr la mejoría de la capacidad de crear fuentes de trabajo, de privilegiar la mano de obra argentina y de defender y recrear la actividad del campo y de la industria, y las PYME. Tal vez, seguramente, falten cosas, pero hacia esos objetivos también parece que se apunta, cuando se replanifica y generaliza la ayuda social y se facilita la licuación de deudas con el fisco y la repatriación de capitales sin necesidad de blanqueo previo.

¿No les parece que estamos en un momento crucial en el que debemos tomarnos de la mano y tener un poco más presente los colores azul y blanco de nuestra enseña patria? ¿Por qué no podemos "jugar a ganar", a transformar el "polo negativo" en el "polo positivo" de nuestras "pilas"? ¿Por qué no hacemos el esfuerzo de transformar la desesperanza en esperanza?

En todo caso, en lugar de dudar, de seguir el camino fácil de la crítica, agucemos el ingenio y aportemos todas las ideas que nos parezcan conveniente que se tengan en cuenta para enriquecer los objetivos de superación. ¿Por qué no podemos construir entre todos el bienestar que anhelamos?

Creo que es momento de mirar a nuestra Argentina, a las enormes riquezas que nuestro Creador puso en estas tierras benditas y de tener confianza en nuestras propias fuerzas, dones y capacidades.

Pienso que todavía tenemos tiempo de invertir las cosas, de destruir el maleficio, que al fin y al cabo es la culpa de todos y no sólo de políticos y gobernantes.

Un poco de amor a la patria, a nuestros hermanos a lo largo y a lo ancho del territorio y pensar mucho en el bien común, seguros de poder crecer y recuperar todo lo que fuimos y nunca debimos dejar de ser: suelo de inmigrantes, porque sobraba el trabajo y la paz.

Yo creo que somos responsables de nuestro futuro y debemos asegurarlo para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, sin pensar que estamos apoyando a un gobierno o un presidente, sino a todos, que somos la Nación Argentina.

Quiero terminar diciendo que todo esto que siento y pienso, no implica otra cosa que expresarme y, tal vez, convocar, sabiendo que lo que nos están dando es sólo una dosis de un largo y difícil tratamiento.

Miguel Angel Acosta
03 de noviembre de 2001.


Miguel Angel Acosta


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