Tocar el alma

Siempre tuve la convicción de estar cumpliendo un papel importante dentro de un universo íntegramente poblado de causalidades.
Mi modesta existencia formaba un conjunto homogéneo de particularidades, que desencadenaban otros conjuntos, que, a su vez, ligándose con los creados por otras existencias, daban lugar a mi noción del universo.
Cuánto y cómo tenemos intervención con cada uno de nuestros actos, es algo que algunas veces me parecía tangible, y otras, sencillamente se me iba de las manos y dejaba a la luz, cuán lejos estoy de entender cuál es el papel que cumplo en ese todo.
No obstante, al despertarnos cada día, ejecutamos una rutina que parece escrita por un ser o seres superiores, a quienes culpamos siempre de nuestras desventuras, sin darnos cuenta que, con sólo la forma como nos servimos café o nos subimos al ómnibus, estamos generando, nosotros mismos, sin ayuda externa, una cadena de hechos consecuentes.
Cierto es, que si bien esa cadena es propiciada y alimentada por cada uno de nuestros estados de ánimo, éstos no son más que la forma de expresión de una única fuerza interior que nos motiva y controla, que algunos llaman amor, intentando ponerle límites como forma de hacerla entendible.
Pero, tanto el amor, el odio, el sentir en general, no son más que manifestaciones de lo que yo llamo esencia - que encasillo también en una sola palabra, para poder referenciarla en mi mente - inamovible e intemporal, que no logro comprender pero percibo es común a todos los individuos.
A veces, tenemos reflejos, casi como espejismos, de esa fuerza esencial, llegando a ellos por los distintos caminos que se abren con nuestros diversos sentimientos.
Pero la esencia es siempre la misma, sólo varía la forma en que se nos hace visible en el transcurso de nuestra existencia y en si somos capaces o no de captar los distintos mensajes que nos envía.
Hasta el presente, he alcanzado ese camino gracias a dos personas que hicieron posible que pudiera encontrarlo, recorrerlo y llegar hasta su fin.
Por ellas pude tener entre mis manos, por momentos maleable, cálida, inmensa, mi propia alma.
A ellas y a las que todavía no empezaron a formar parte de ese - mi - exclusivo grupo, les dedico este mensaje.
A Tatana y Neno.


Sandra Ade
Edad: 32
Residencia: Montevideo, Uruguay
Ocupación: Administrativa

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