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A Santiago... Me recuesto sobre la almohada, y el silencio, la oscuridad
y tú me rodean. Aun recuerdo tu brazo sobre mi hombro, protegiéndome
del frío, Y nuestras manos enlazadas, unidas como si nada ni nadie pudiera separarlas... Porque en ese momento, cuando mis ojos te descubrieron,
en mi corazón se tatuó tu nombre. Amo en ti, la simpleza de tu persona, la forma de ver las cosas, la manera en que vives, la simpatía y picardía de tus ojos, aquellos que me impactaron, que me deslumbraron y hoy viven en mi mente... Así comencé a conocerte, a entenderte,
a apoyarte, a cuidarte... a enamorarme... Flor
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