Llueve y no sé si esperarte
Pedí
demasiado. Pedí escuchar el verbo querer conjugado en tus labios,
pétalos acariciando mis pestañas. Tú sólo
te conformabas con mi cuerpo. Qué queda de la piel cuando se
usa y tirada sobre la cama, espera las últimas caricias que
le convenzan de que aún es útil, de que no está
del todo gastada.
Está bien decir algo suspensivo, como en las películas
románticas en las que siempre queda una puerta abierta.
Pero el mañana ya está aquí. Y yo me asomo y
no es a ti a quien veo sino a tu espectro, el fantasma de lo que amé.
Cómo volver a darte forma. Con qué derecho me creo a
resucitar palabras muertas, a quién hay que pedir permiso para
desempolvar los sentimientos.
Es tan confuso quererte. Porque en el límite de mi deseo te
empiezo a aborrecer, y entonces otra vez ese impulso de huir, de dejar
calles y andar, andar. Como si las pisadas fueran perfectamente proporcionales
al olvido.
Ya una vez intenté escapar de ti. Huí hacia otras ciudades
en las que era imposible encontrarme con tu presencia.
Ahora eres tú el que te marchas. No sé si en Londres
buscarás lo que ansías. Allí llueve ahora, así
que te será aún más difícil vislumbrar
algún rastro de mi silueta. No podía ser de otra manera.
La lluvia se lo cargó todo. No se puede prolongar un verano
eternamente. Porque verano e invierno son incompatibles. Son muchos
meses los que quedan para que vuelva el sol, y ya no sé de
dónde sacar las fuerzas para esperarte sin que esta lluvia
termine por matarme.
Alejandría
Edad: 22
Residencia: Sevilla, España
Ocupación: estudiante
Hobby: viajar
Fecha de publicación: 05/10/2001