MATALASCAÑAS, 20 DE AGOSTO

Me he levantado de espaldas al mar. Alguien intenta arrastrarme hasta la arena, pero es en vano. Creo que estoy sumida en una especie de depresión. Empiezo a pensar que el culpable de todo esto es Pablo. Tres semanas sin dar señales de vida. Estoy enfadada con el mar, no quiero ver nada azul que me recuerde a él. Aunque en esta época los rayos de sol hacen que parezca más verde, sé que cuando se acerque la noche todo volverá a ser más azul, y eso me traerá el recuerdo de sus ojos, despidiéndose oscuros en un portal.
Mensajes desesperados a un móvil: cuatro seguidos para asegurarme de que tiene señales mías, para martillear unos segundos lo que me martillea su recuerdo las 24 horas del día. Pero nunca llamas. Suena el teléfono y me miran buscando una expresión en mi rostro de felicidad que sólo me la vas a dar tú. Aquí demuestro cada día que es imposible ocultar mis ganas de ti. En cualquier tema de conversación se me escapa tu nombre con sólo un detalle, una palabra basta para desembocar en ti. Tengo ganas entonces de decir de una puta vez lo que siento, que te siento, que te estoy sintiendo... que me desespero en esta cuenta atrás con los días anotados sin que me respondas. Sé cómo deben de brillar mis ojos cuando pronuncio las cinco letras de tu nombre, ese nombre que me taladra hasta el alma, que hace la digestión en mi estómago cuando te devoro en cada letra, en cada palabra.

(PD: con el tiempo descubrí que no eran azules sus ojos, sino verdes)
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Alejandría
 Edad: 21
País: España
Residencia: Sevilla

Ocupación: estudiante
Hobby: viajar


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