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INOCENTE
Y PURA
5 de diciembre de 1999 Entré, caminé por el
pasillo de la derecha, descubriendo nuevas rejillas
(desde la reforma) entre las baldosas, sobrevolé
un poco el lugar con la vista y agarré el cancionero
y el periódico ;El Domingo, de color verde (mi
preferido) y ese blanco amarillento del papel,
antes de sentarme en el tercer o cuarto banco
(casi seguro era el tercero). Si no hubiera llegado
temprano no me hubiera sentado ahí ni tampoco
atrás, en la última fila, sino que me habría quedado
afuera, como siempre, desde donde también se escucha,
pero entre charlas, llantos de chicos caídos y
mamá me duele acá, y motos y autos. No pasó mucho
tiempo antes de que una vieja se sentara en la
otra punta del banco, y más tarde un grupo de
unas cinco personas, quizás una familia (nunca
se sabe, por ahí una es amiga de la hija y el
otro es un sobrino...), ocupó el espacio que lo
separaba de la anciana. Casi sobre la hora una
señora de unos cuarenta años eligió el lugar que
sobraba a mi derecha, quedando así saciadas las
capacidades del banco. Manuel
Celar Escribile
al autor
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