Perdidos
Ayer reconocí una de esas
miradas apocalípticas que te dicen con un golpe seco de vista:
"hasta aquí llegó todo". Qué lástima.
Era domingo, y la nostalgia se acrecentó con mi inoportuna
vena dramática. Carita de niña buena y confusión
porque de un momento a otro me terminaría por creer la improvisada
obra de teatro que había montado yo solita.
Empezar no empezamos muy bien. Mala señal eso de preguntarse
el lugar de destino. -Y yo qué sé cariño, conduces
tú-. Bueno, no me lleves a mi casa, aún no. Los domingos
debería estar prohibido salir de casa solo. Es deprimente el
espectáculo de parejitas empalagosas que pasean por las calles
más céntricas de la ciudad, en un alarde de mostrar
al prójimo lo felices que son. Juan y yo paseábamos,
sin saber muy bien qué decir ni qué hacer. ¿Por
qué no fingir que éramos una pareja? Nos agarramos de
la cintura y como dos clandestinos paseamos por los callejones oscuros
de Triana. Ahora tocaba besarse; o eso es lo que hacen los novios
cuando cae el sol. No teníamos nada que ocultar, sólo
el capricho de querer sentirnos protagonistas por una sola tarde.
Vamos Juan, mírame y no apartes tus ojos. Yo ahora te acerco
los labios, así, como que voy a besarte. Me retiro, te miro,
sonrío y termino por estrellarme contra tu boca. Yo te mordisqueo
y te abrazo para que me estrujes del todo contra ti. Mira cómo
nos mira la gente. Nos miran con desaprobación, quizás
porque no terminan por explicarse qué puede unir a dos personas
de generaciones distintas. Dos almas descarriadas vagando en la ciudad.
Autor:
Alejandría
Edad: 22
País: España
Residencia: Sevilla
Ocupación: Estudiante
Hobby: Viajar
Fecha de publicación: 29/10/2002
El Confesionario - Comentarios sobre el texto
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Comentarios de los lectores |
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11/11/2002 21:01:59 »» Mario:
Uau..... Bárbaro, que final. Me gustó un montón. ¿Tienes otros textos escritos??? Mis felicitaciones. |
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