Oda a Pablito

Pablito, fiel ejemplo de la discreción,
de la seguridad y los valores
de mi generación.

Pablito, querido confidente,
guardián de mis pasiones de niña enamorada,
fantasías de un film no apto para menores,
ni para adultos, ni para mis padres.

Besos, manos perdidas entre mis piernas y pechos,
un cigarrillo prohibido, una cerveza o tres...
Así lo callabas todo, solidario,
sin sermonearme, amado amigo.

Con tu mulata y enorme coraza
protegías mis andanzas.
Recorrimos juntos y a gran velocidad
calles, moteles furtivos, playas y pueblos cercanos.

Pablito, fiel amigo,
solidario y solitario me esperabas a la salida
de mi primer y tormentoso trabajo,
en una escuela de mierda y sueños.

Tantas penas,
Tantas alegrías,
magia, protestas, sueños universitarios.
Todos, Pablito, junto a mí
Quince años y te hacías viejo.

Así, lubriqué tus entrañas,
bujías y espares.
Cambié tus cuatro gomas,
limpié tus cristales.
Pero ya era tarde.
Dejé que la miseria, el salitre y el descuido
dañaran tu enorme humanidad,

Quien te mira y no te conoce
sólo ve un carro viejo y mohoso
Un Volvo depreciado,
querido amigo del alma, de los caminos.

Pablito, fiel ejemplo de la discreción,
de la seguridad y los valores
de mi generación.

Autor: Ana Maria Fuster Lavin
Edad: 34
País: Puerto Rico
Residencia: San Juan
Fecha de publicación: 07/06/2002


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
08/06/2002 12:10:16 »» Paloma:
Muy bonito y emotivo , hace recordar al Pablito que todos hemos tenido en algún momento y a las amistades perdidas