Entre Temores

Lunes 28 de Enero del 2002.

Una escalera. Un principio y un final. Un temblor, acompañado de un sin fin de pensamientos incoherentes y cobardes. Camino con pasos trémulos, con escaso aire, como quien no quiere llegar a donde se dirige. Sí, puedo afirmar que tengo miedo. Subo un escalón mientras mi mano se zambulle lentamente en mi bolsillo trasero. Un cigarrillo aun apagado acaricia mis dedos, para luego terminar encendido entre mis labios. Aspiro con fuerza, intoxicándome. Automáticamente, como obedeciendo a una fuerza superior, empiezo a correr. Mis pies rebotan sobre unos escalones vacíos y un poco desgastados. Sé que no hay vuelta atrás. La escalera esta terminando. Puedo verlo, caminando con firmeza hacia mí. Siento que posee una seguridad que me es ajena. Se ríe. Ríe sin mover los labios; ríe con la mirada. Me río, estúpidamente. Nos reímos juntos en voz alta, una y otra vez, para luego caminar sin destino, abriéndonos paso entre una noche que no parece tan oscura como las demás. Dos cervezas caen sobre un césped que será nuestro por unas horas. Un césped que hoy es nuestro, como lo fue anteriormente de varias otras parejas. Las cervezas bajan y la conversación sigue. Sigue sola...sin besos, sin caricias, sin contacto. Una niña pobre de unos siete años camina hacia nosotros. Camina perdida, desesperanzada, con sus ramitos de flores rojas como la sangre. Evidentemente, esta perdiendo el tiempo, pero no puede saberlo. O tal vez sí. Se va, con la misma cantidad de flores con la que llegó. El tiempo pasa, resbala, escapa. El tiempo flota, ajeno a nosotros. Un supuesto portador de HIV se acerca e intenta robarnos, pero se va con las manos vacías. Sin embargo, en sus ojos se veía un brillo de satisfacción, posiblemente fomentado por nuestro miedo. Caminamos nuevamente sin destino. Terminamos en un bar. Falta el beso. O somos dos cobardes, o no hay interés. Una nueva jarra de cerveza llega, y como viene se va. Pido un agua y él bebe un poco también. El último cigarrillo se apaga. Quizás sea mejor así, sin beso. El beso puede ser un factor muy determinante a la hora de formar una opinión. Pagamos y nos vamos. Paseamos por una ciudad que ahora parece muerta. Quizás este muerta. Quizás se haya muerto exclusivamente para nosotros. Nos sentamos frente a su casa, en la entrada de un edificio antiguo. Un portero aburrido se asoma. Estoy segura de que
planeaba echarnos, pero como vio que éramos una pareja se enterneció, sonrió, y volvió a entrar. No recuerdo muy bien que pasó después, pero sé que nos besamos. Y sé también que me sorprendió, porque besaba a mi manera. Nunca entendí a los hombres. Al decir verdad, nunca entendí a las mujeres tampoco. En vez de alegrarme, sentí miedo, porque yo sostengo la ridícula teoría de que en todo lo que aparenta ser demasiado bueno hay una falla. Y a él no se la podía encontrar. Los labios siguen abrazándose, tocándose, descubriéndose. Nos rendimos ante una noche que termina, al igual que todo en esta vida. El portero abre nuevamente su portón. Creo que planea limpiar. Ha sonado la campana que marca el final (deben ser más de las cinco de la mañana). El sol se asoma a lo lejos, anaranjado y líquido. Un último beso roza mis labios y mi cuerpo cae agotado contra el asiento del taxi. Le doy indicaciones al conductor mientras lo veo partir. Sigo buscando aquella famosa falla, y sigo sin encontrarla. Miro adelante, hacia el sol. Un nuevo día comienza. Descubro que mi estómago esta un poco inquieto, como revuelto. Señoras y señores, este es el primer síntoma de uno de los males más tristes y comunes: el miedo al amor.

Autor: Lubidulia Schnit
Edad: 19
País: Argentina
Residencia: Buenos Aires
Ocupación: Estudiante de Diseño de Indumentaria y Textil
Hobby: El estudio de la materialización del sentimiento.
Comentarios: "Entre Temores" es un texto que fue escrito en caliente. Las palabras se volcaron sobre el papel desde mi alma, utilizando mis dedos sólo como herramientas de comunicación. Espero que las mismas entren como luz por sus pupilas, para luego reubicarse con ternura en sus respectivos corazones
Fecha de publicación: 19/04/2002


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
24/10/2003 15:56:17 »» Jesus Israel :
NO SE CUAL FUE TU FINALIDAD AL MOMENTO DE ESCRIBIR, PERO SOLO PUEDO DECIRTE QUE TU NARRACION FUE EXELENTE.