|
En
práctica de psicodrama, psicodrama psicoanalítico, la
psicodramatista, la veía ella sola ante el peligro, no tiene
secretaria, la puerta de entrada es blindada, tiene que introducir
unas claves para desactivar la alarma. Esta situado en un piso/oficina
en un edificio para oficinas, situado en una zona muy buena de la
ciudad. Anotaba todo lo que le contaba. Le explicaba sobre series
de cuestiones que me afectaban, cuestiones personales, que atañían
a mi persona, cuestiones sobre mis relaciones sociales, la falta de
diría "asertividad" y otras palabras de más.
Fue por mi parte vómitos de palabras, lo soltaba todo ansiosamente
y la psicodramatista sacaba folios para seguir anotando. Le dije que
lo que me interesaba era psicodrama, la práctica del psicodrama
como en teatro, como concebía Jacob Leví Moreno, en
realidad no conocía el psicodrama sino de oídas, luego
venían frases como teatro espontáneo, psicodrama grupal,
psicodrama bipersonal... Después de unos días preliminares,
de entrevistas, decidimos quedar un día para realizar psicodrama
grupal, había como unos quince personas, de distintas edades,
y distinto sexo, cada cual tenían sus problemas personales,
psicológicos, y hacían representaciones y la psicodramatista
tenía un hueco central (un lugar especial, como llevar la batuta
del grupo) en el psicodrama grupal. Estuve solamente dos días,
había algo que no me cuadraba, no me gustaba, decidí
abandonar, pero la psicodramatista me llamó por teléfono
para saber la causa del abandono del grupo, le expliqué que
no me gustaba, que tenía la sensación de pérdida
de tiempo. Ella me dio otra oportunidad: psicodrama bipersonal. Los
primeros siguientes días eran seguir anotando todo lo que contaba,
y me daba la impresión de que corría tinta sin cesar,
y que no era suficiente aún, seguía anotando todo lo
que contaba, y a veces hacíamos pequeñas escenas, ella
y yo. Sobre escenas que se me ocurrían o nos ocurrían
según lo que iba contando, expresando, algo así como
asociación de ideas en el diván psicoanalítico.
Así durante tres o cuatro sesiones, y a partir de esas tres
o cuatro sesiones me comunicó que se iba a traer para después
de las fiestas navideñas un "yo auxiliar", me comunicó
que es psiquiatra. Joven psiquiatra. Que siempre, por las instrucciones
recibidas del psicodramatista, estaba impasible, hierático,
como un robot que hace la función que indica la psicodramatista,
y entonces hacíamos algunas escenas que me surgían o
surgían a la psicodramatista. Así íbamos creando
escenas. Todo muy rápido, en menos de cincuenta minutos que
dura la sesión, dentro de ese tiempo la mayor parte es recogida
de información, lo que yo contaba, y lo que queda de tiempo
si ocurre (por que hay días en que no hay representación,
escenas) hacer improvisación rápida. Le dije que lo
que me interesaba era hacer muchas escenas y hablar menos, que lo
que hablé dije bastante y que seguir insistiendo es seguir
remachando lo que dije. Quería saber sobre mi evolución,
entonces notaba que cada vez que traía nuevas asociaciones
de ideas, nuevos decires sobre lo que me pasa, algo iría transformando.
De vez en cuando intervenía muy fuerte y tenía la sensación
de hundirme moralmente, y salir a la calle algo deprimido. A veces
ocurría eso, y otras veces salía algo exaltado. Jugaba
con sus palabras para exaltarme o deprimirme. Es como la lengua de
la serpiente, un picotazo mortal, en realidad no comprendía
lo suficiente. Seguí yendo a las siguientes, y seguir averiguando
qué ocurre, si en realidad hacía todo eso por mi bien
o estaba equivocada conmigo. Aún me encuentro confuso. Autor:
Miguel Angel Sánchez Valderrama
|
||||||||||||||