Sin respuesta

Barcelona, 15 de Abril del 2.000

Estimados RR.MM. del Oriente,

Todos mis respetos ante tanta lentejuela morada y dorada entre perlas nacaradas envueltas en plumas de faisán y pavo real con aroma a incienso, ¿sois drag queens o tan sólo estrellas fugaces caídas una noche del cinco de enero? ¡Es igual!, me han enseñado en esta vida que ni los colores ni las razas ni los sexos diferencian a las personas, sólo los corazones y vosotros sois gente con corazón tal como yo y quienes me rodean. Espero no os haya molestado mi comentario pero a mis cuarenta y dos años después de muchas reflexiones en la vida sobre vosotros tres, que ni mosqueteros ni reyes ni qué sé yo, aún continuo sin saber quienes sois. Todavía sigo confundido pero no importa, lo único que importa es vuestra labor, ese despertar de sentimientos muy escondidos en algunos de nosotros y muy latentes en otros, Ilusión, que año tras año invade todas nuestras almas con el brillo característico de nuestros ojos acechando vuestra llegada; Alegría de entregar y recibir lo que tanto deseamos envueltos en papeles de infinidad de colores, con lazos de distintos tamaños, sin olvidar la tarjeta con el nombre del destinatario; Ira por equivocaros al hacer el pedido, no sé por qué pero siempre hay alguna metedura de pata que amarga este día tan esperado a alguien, tal vez sea el carbón que se mereciera convertido en regalo,... sentimientos.

De pequeño, siempre os veía a través del televisor, algunos años en blanco y negro antes de que llegara el color a nuestro hogar, y de año en año en la cabalgata de mi pueblo montados en tractores hasta las trancas de regalos, caramelos y chocolatinas que repartíais sobre la marcha con ayuda de algunos pajes, los camellos ni nombrarlos. Cuando fui a la ciudad a estudiar, ya os veía durante las fechas de Navidad en distintos establecimientos recibiendo nuestras largas cartas en mano y escuchando las peticiones de los más pequeños en vuestras rodillas, si es que soportaban la impresión, muchos lloraban de miedo al veros . Al trasladarme a la capital a terminar mis estudios antes de trabajar, era rara la noche de fiesta que salía y no os veía en bares de copas, discotecas y cualquier sarao donde hubiese prensa, pensando que os habíais soltado las enormes melenas, rapado las espesas barbar y cambiado las babuchas por las plataformas dejándoos ver por todos nosotros en cualquier momento, los niños los habíais dejado atrás rodeándoos de guaperas en la oscura noche donde todos los gatos son pardos.

El pasado año olvidé ciertos regalos, dejé de pedir lo que hoy por hoy echo de menos además de necesitar como el aire. Me falta el aire. No me he equivocado al enviaros esta carta, sé perfectamente en el día que estamos, lo he escrito yo arriba hace unos instantes. También sé que posiblemente está Navidad no pueda estar con los míos ni tan siquiera podáis dejar nada en mis zapatos. Por ello insisto, por favor, me enviéis en este momento Luz que me ilumine permitiéndome ver el otro lado del túnel que tanto miedo me da atravesar por el adiós, el desconocimiento, el volver a empezar sin saber qué; Brillo a mi alma presa de una despedida imposible de aceptar proyectando mis sueños en vosotros magos de tantos sueños hechos realidad; Color para quienes están a mi alrededor durante mis últimos días para que no les apague la pena esta larga espera con final no feliz; Fuerza para seguir luchando por lo imposible pero siempre esperanzador.

Gracias por permitirnos ser niños aún con el paso de los años.

Que las estrellas nos iluminen,
Martín J.

Kitino Nikaro

Autor: Kitino Nikaro
Edad: 28 años
Residencia: Barcelona (España)
Fecha de publicación: 22/03/2002


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