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| Beee, la empleada municipal Mirándome con ojos llenos de odio, la empleada me preguntó qué era lo que pretendía, descargando su furia con el sello que, utilizado como un arma, cayó estrepitosamente sobre el formulario que tenía sobre el escritorio. Todos los que esperaban, se sobresaltaron tanto como yo. Los otros empleados, levantaron la vista curiosos hacia donde me encontraba, al escuchar el estampido y mis gritos, cansado ya de recorrer las diversas oficinas de la Municipalidad. Nada pretendía, solo que alguien de allí, me diera una solución al problema que se nos había presentado, habiendo explicado hasta el cansancio a todo el mundo lo sucedido, para recibir a cambio, una sonrisa socarrona. -No es un problema nuestro-, dijo amablemente el Secretario de Cultura, sonriente, mientras tomaba un café que recién le había traído un ordenanza. -Eso debería resolverlo alguna oficina que se ocupe de ello-.continuó mirándonos de arriba abajo como si le hubiéramos pedido que nos cediera su puesto. Salimos de allí, con el mismo ánimo destrozado, tal como nos sucediera en el zoológico, donde la Directora, nos había recibido atentamente, para despedirnos luego con una sonrisa despectiva, puntualizando que solo se ocupaban de animales vivos. Para la Navidad, se nos había ocurrido hacer un pesebre viviente, utilizando para armar el cuadro, una oveja que solicitamos prestada por una semana, a la Municipalidad de la Ciudad. A la oveja la tenía en el patio de mi casa, desde donde salía solo para representar el acto navideño. La cuidaba más que a mi madre, porque nos la habían entregado con todos los recaudos y recomendaciones del caso, no sabiendo por qué, un día, apareció muerta, suponiendo que había comido una de las plantas del jardín, que mi madre mantenía con todo esmero. Los de la Oficina en la cual hicimos todos los trámites pertinentes para el préstamo, cerca de un año, se lavaron las manos olímpicamente, diciendo que ellos habían entregado un animal vivo. ¿Qué podía hacer yo con la oveja muerta en mi casa? Mi madre enfermó viendo al pobre animal tirado en el patio, durante casi una semana.. Se me ocurrió introducirla en una bolsa de residuos, de esas de consorcio, para dejarla en la calle, que los basureros la llevaran; pero moralmente, no podía hacerlo. Además, todos los vecinos sabían que la oveja vivía en mi casa, existiendo precisamente una prohibición municipal, de arrojar animales muertos a la calle. Por fin, un viejo empleado relacionado con la oficina dependiente de Cementerios, tuvo una idea. ¿Acaso la oveja, no había trabajado en una obra que ofreciera la Municipalidad? Podrían entonces hacer un sumario administrativo por"fallecimiento de empleada municipal". De esa manera, harían el trámite pertinente para retirar el "cadáver"y darle sepultura, apareciendo yo como único pariente responsable de la misma. Se formalizó un expediente, se llenaron papeles, formularios, certificado de defunción, sellos ,y por fin quedó caratulada: "fallecimiento de Bee...empleada municipal". Fue así que un camión de la Repartición, apareció en mi domicilio, cargando a la "empleada" y llevándosela quien sabe dónde, liberando de esta manera mi alma, de sentimientos encontrados. Si bien dudé al principio en aceptar, rechacé la idea de cobrar la pensión que me correspondía como familiar de la fallecida empleada. FIN
Guillermo Molina
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