| Los
viajes...
Odio salir
de España.
He de reconocer
que los viajes al extranjero jamás me han agradado, y menos si
son por trabajo.
Siempre he tenido algunas trabas lingüísticas, dado que mi
inglés es muy básico y mi francés, ni contarlo...,
además, no sé porqué, siempre tengo algún
problema. Y si no veréis:
Pues bien, en una ocasión un gran amigo me ofreció que le
acompañara a París durante tres días y yo inicialmente
se lo agradecí, pero negándome en rotundo, además
los franceses y parisinos no son de mi devoción. Pero él
no hacía más que insistir, que me ayudaría ha comunicarme
con le gente, dado que domina el francés; así que finalmente
tuve que decir que sí, a pesar de haberle avisado de mi mala suerte
con el extranjero por las “movidas” que siempre me pasan y
que contaré algún día.
Bueno, ya estábamos en el aeropuerto y yo llevaba una bolsa de
mano con todo el equipo sofisticado de fotografía, la máquina,
los objetivos, filtros, etc.(dada mi afición a la fotografía).
Aferrado a la bolsa durante el vuelo todo fue como debía ser, hasta
que llegamos al aeropuerto de París donde, al llegar, nos dirigimos
a sala de equipajes ha recoger nuestras maletas. En fin, cuando empezaron
a salir las maletas, divisé la mía y al acercarme a la cinta
transportadora, previamente dejando mi bolsa con el equipo fotográfico
en el suelo junto a los píes de mi amigo. Y cuando iba a echar
mano de la maleta, de repente noto por mi espalda dos manos que me tiran
fuertemente hacia atrás si llegar a coger mi equipaje, yo me giré
y vi un pedazo de maromo de gendarme que me decía a empujones que
saliera de la sala, me fijé que había muchos más
gendarmes maromos que les decían al resto lo mismo. Claro, me acordé
inmediatamente de mi equipo fotográfico pero al intentar acercarme
el gendarme maromo sonrosadito me gritaba y a empujones me iba alejando
hacia la puerta de salida, así que allí se quedó,
un montón de dinero que había invertido durante muchos años
estaba en el suelo, abandonado.... (snif...), cuando estábamos
afuera de la sala, que estaba separada por una cristalera opaca, que tendría
una cinco puertas automáticas para su acceso, las cuales no hacían
más que abrirse y cerrarse con el paso de más y más
maromos, pero ahora con perros.... Y es que, por lo visto, había
un aviso de bomba, y yo, que para esto intento indagar lo que puedo, pues
escuché a un gendarme que hablaba español entre todos los
pasajeros que se estaban poniendo muy nerviosos por el tiempo que ya llevábamos
ahí sin saber nada. Me acerqué y le pregunté y me
contestó que había una bolsa abandonada en el suelo que
podría contener una bomba....!
Hay madre... !, ¡ Mi cámara...!
Automáticamente le dije al
gendarme lo de mi equipo, el me preguntó por las características
de mi bolsa y yo se las expliqué, era negra, con correa, con diversos
apartados y de la marca Pierre Cardín (por eso de los franchutes...peloteando,
vamos).
El gendarme me dice que no me preocupe que la bolsa abandonada es marrón
y de cuero, y esto me dejó más tranquilo. Aún así,
yo, no hacía más que mirar cada vez que una puerta automática
se abría y veía como, efectivamente, había dos bolsas,
la marrón y a unos veinte metros la mía, pero los maromos
estaban merodeando ambas. Estaban bastante lejos y no podía ver
que era lo que estaban haciendo.
Por fin, nos dicen que podemos entrar y yo decido no entrar por la puerta
más cercana a la nuestra, porque es por donde iban a entrar todos
como borregos y no llegaría tan rápido a mi bolsa negra
del puñetero Pierre, que si entraba por las otras puertas que estaban
vacías, seguro que llegaría antes. Y así lo hice.
Pero cuando me dirigí a la siguiente puerta, mientras los demás
entraban apretujados por la más cercana, veo que sale un maromo
de gendarme completamente enorme y que, para colmo, llevaba en sus manos
las dos bolsas, la marrón y la del Puto pierre (ya con minúscula).
Yo corrí hacia él, mientras miraba hacia atrás a
ver si veía a mi amigo para que me ayudara a hablar con el pedazo
de maromo, pero ya se había metido en la sala y no podía
hacer nada más que correr detrás del bestia de gendarme
con espaladas de gorila que andaba a pasos agigantados que yo no podía
apenas seguir tras él, mientras le gritaba señalándole
a mi bolsa lo único que sé en francés: <¡Mesié,
mesié, güi se muá, se muá...le bolsé
se muá....!>, obviamente debía pensar que era un “zumbao”
de esos que pululan por muchos sitios públicos y me ignoraba mientras
se dirigía hacia el gendarme que sabía español.
Ah, recuerdo yo que llevaba puesto un chaleco de esos que las mangas se
desmontan y estas estaban también en la bolsa de pedrito cardín.
Así que le empecé a decir: <les mangues del chalqué
en la bolsé>, y algo tuve que decir, porque el bestia se detuvo
y se dio la vuelta mirándome con cara de simio y me dijo: <aguachu,
guachu >
Y yo le repliqué lo de <les mangues del chalequé>,
pero en ese momento se acercó el gendarme que hablaba español
y por fin....... ufff...!, así que pude demostrar que la bolsa
era mía gracias a las mangas del chaleco.
Pero cuando me fijo en la bolsa de pedrito cardín, veo que no la
había abierto por la cremallera, como todo ser humano, sino que
con un cutter, la habían rajado de lado a lado y me puse a discutir
con el gendarme hispano-parlante para que me diera una explicación
y lo único que me contestó el gabacho de m...... fue: <menogs
magl que no se la han gueventao con egsplosivo...>
Lo mejor acaba de comenzar…
Desde que habíamos llegado
hasta que pudimos coger el equipaje había pasado una hora, la gente
estaba muy enfadada por lo ocurrido.
Mientras yo “hablaba” con los gendarmes, que se habían
arremolinado ante el evento, junto con mi amigo que acababa de llegar
con mi equipaje y estaba alucinando con lo que allí estaba pasando,
el resto de los pasajeros empezaron a arremolinarse alrededor de los maromos
que ya estaban arremolinados alrededor mío y de mi amigo, y empezaron
a insultarme: <<Tegoguist, teguoguist de merd>>, o algo así,
pero lo peor fue cuando oigo en perfecto castellano: <<Imbécil
de mierda, una hora y media por tu culpa.. ¡Cabrón!>.
Bueno, en esos momentos yo quería cargarme a quien fuera, me puse
nervioso y se me cayó la bolsita de los coj... al suelo... En unos
de los departamentos llevaba un pequeño frasco de colonia Paco
Rabanne pour Homme, un pastón de colonia a hacer gárgaras,
que me salpicó todo el equipo fotográfico y el zapato derecho
de ante que me lo empapó pero bien.
Al fin todo se fue calmando hasta que salimos del aeropuerto para coger
un taxi. Por fin, cuando ya vamos a entrar en el taxi (lo conducía
un chino muy sonriente) un tío muy gordo, desconocido y español,
con un gran maletón, como si fuera un ataúd, aparece por
detrás gritando: <Esperen, esperen,... ¿podría
ir con ustedes?, y así nos ahorramos dinero...>.
Así que al meter nuestro equipaje el del gordo no cabía
en el maletero y lo puso junto a él en la parte de atrás
y junto a mi amigo, ya que yo me ofrecí a montar en el asiento
delantero junto al chino sonriente y por fin comenzamos la carrera.
Cuando llevábamos recorridos un buen trecho, con un olor a Rabanne
exagerado y hablando con el gordo de la que me había pasado, el
chino me miraba continuamente y sonriente, a mi me estaba mosqueando por
la forma de mirar y de sonreír que tenía, y de pronto de
dice: <¿Paco Gaban..?> le repliqué con un “güi”
muy, pero que muy ronco y macho. (hacía unos movimientos muy amanerados
al cambiar de marchas).
De repente notó que estoy pisando algo en el suelo del taxi, algo
blando, era de noche y no veía qué podía ser, pero
deduje que era la típica alfombrilla arrugada y me dispuse a estirarla
con el pié, de adelante hacia atrás y apretando. Bueno,
¡bueno, bueno!, en un momento en que todo el coche olía a
Paquito, comenzó a brotar un nuevo olor que nadie decía
nada, pero se percataba, ya que ninguno hablábamos pero si olíamos,
además el chino ya no se reía nada y abría la ventanilla
cada vez más, a pesar del frío que entraba.
Era un olor extraño, que yo, juraría que provenía
de debajo de mi asiento, me recordaba a las meriendas que mi madre me
ponía, mezclado con el Paco Rabanne... en fin, extrañísimo...
Ya, cuando estábamos a punto
de llegar al hotel, me agaché para coger mi bolsa rajada de Pedrito
Cardín y noto algo pastoso en mi zapato derecho, lo rozo con los
dedos, me los froto y me los acerco a la nariz y...¡Qué asco,
que asco, que asco... fuagras!, fuagras pero del malo malo, tipo La Piara...
Pensé y deduje lo ocurrido. El chino, que ya no sonreía
ni media, se había preparado un sángüich de fuagrás
y yo, creyendo que era la alfombrilla se lo destroce esparciéndolo
por todo el suelo e impregnando mi zapato derecho que a la vez impregnó
el izquierdo.
Yo, ya, desesperado, pues quise tomármelo con calma y reírme
disimuladamente mientras miraba a los dos de atrás diciéndoles
en perfecto español: <Acabo de aplastar la cena del chino...>
Bueno, en ese momento comenzaron a reírse a carcajada limpia, tanto
el gordo como mi amigo y lógicamente yo, que no podía aguantar...,
eso sí con cierta precaución porque tenía ganas de
hacer pis y debía tener cuidado.
(El chino estaba con un mosqueo de narices... jajaja, nunca mejor dicho).
Finalmente llegamos al hotel Montabor, muy céntrico, junto a la
plaza del Obelisco y de la Opera, pero mientras nos toman nota dándonos
las llaves, dejamos las maletas en una habitación de recepción
y decidimos tomar una cerveza en un bar alemán que hay justo enfrente
y que ya conocíamos de otras ocasiones.
Como venía con ganas de orinar desde el aeropuerto y la verdad
es que no podía más, así que al entrar, mientras
mi amigo pedía un par de cervezas en la barra, aproveché
para visitar al “pipirrúm”.... cuando bajo, me encuentro
con que está ocupado y empecé con el bailoteo propio de
la situación..., pasan unos cinco minutos y nada, que no sale nadie.
Me dispongo a intentar abrir llamando y al abrir un poco, me dan un portazo
desde el interior, ¡misterioso!, sigo esperando con un baile de
aeróbic, andando de esquina en esquina de aquella desagradable
salita y.... ¡por fin!, sale un auténtico franchute sonriendo
levemente con un niño de unos cuatro años de la mano. Yo,
extrañado, entro y me encuentro con un lavabo, un urinario y una
puerta donde supuestamente está la taza, pero que para entrar hay
que depositar dinero por una rendija para emplearlo.
Como yo solo necesitaba el urinario, pues me dirigí hacia él
y, … pero qué CERDO, el franchute, con tal de no pagar, había
sentado al niño en el urinario dejando un recuerdo intragable para
dicho urinario y asquerosamente desagradable para mí. Esto si que
era un auténtico gabacho parisino.
Cuando subí y se lo conté a mi amigo, no se lo podía
creer.
Bueno esta es otra de las historias anecdóticas de la vida, que
ocurren, que pasan y que jamás podré olvidar.
Autor: Javier Sánchez-Rubio
Residencia: Madrid
País: España
Fecha de publicación: 10/06/2003
El Confesionario - Comentarios sobre el texto
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Comentarios de los lectores |
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31/05/2010 17:31:18 »» juanjo:
La verdad me parecio algo poco gracioso y poco creible, seguramente lo que pisaste fue mierda antes de subir al taxi y el franchute que salia del baño se cojia al pendejo. y vos entrabas a cojerte otro pedofilo de mierda.
Saludos. |
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21/12/2007 19:13:10 »» Núria:
Hola Javier, tu relato me ha encantado y por ello voy a relatarlo a los enfermos que estoy cuidando en un hospital psiquiàtrico, les va a encantar i por un ratito i gracias a ti van a olvidar sus problemas que tanto les perjudica! Ellos te lo agradecen!
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29/06/2003 23:42:55 »» marimar:
Hola Javier: Te felicito porque tu texto fue recomendado en el Boletín. Disculpa no haberte costestado tu mail. Los cuentos de humor son mis preferidos. Creo que Rafael me recomendo "La página de Juanjo" , gracias a tí también. Estoy a la espera de que abra el Bar( el foro), debe haber una falla técnica. Un beso y envíame algunos relatos. María del Mar Lago(marimar) |
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12/06/2003 15:59:00 »» marimar:
Muy entretenida tu historia. Me divertí y reí muchísimo. Envía otras.
Saludos. |
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