| Un
milagro para Milagros
Ella
es una mendocina más que asiste a la Universidad de Cuyo. A simple
vista no pasa de ser una chica común, 26 años, delgada,
cabello lacio y largo y vestida informalmente. Al tratarla se conoce a
una mujer sincera y perseverante sin dejar de ser sencilla y alegre. Así
es Milagros: bonita para algunos, inteligente para muchos, buena gente
para todos. Tiene una muy buena relación con su madre por lo cual
se había prometido llevarla a Salta al terminar su carrera universitaria.
Su madre es oriunda de esa ciudad y devota de sus santos patronos. Los
planes eran asistir a la procesión de estos santos; el Señor
y la Virgen del Milagro. Esta promesa estaba a punto de cumplirse pero
no como lo tenían planeado.
- Ma, esperame en casa de los tíos. Yo salgo apenas rinda el último
parcial.
Casi la misma escena se repite diez días más tarde. Esta
vez era Milagros la que viajaba y unas amigas la despedían:
- Chau Mily. Cuidate.
- Trae salteños.
Después de catorce horas de viaje - varias de las cuales la pasó
dormida - comenzó la odisea.
- Señores pasajeros - dijo el segundo chofer - nos detendremos
un momento. Les pedimos paciencia.
Milagros sacó su novenario y se distrajo leyendo la historia del
milagro salteño. Había pasado alrededor de una hora cuando
el motor del micro la sacó de su abstracción. Otros micros
y automóviles también se habían detenido.
- Señores pasajeros - dijo uno de los choferes - hay un piquete
unos kilómetros más adelante y no podremos continuar el
viaje. Vamos a regresar a Mendoza.
Sólo entonces Milagros se enteró de la situación.
El resto de los pasajeros ya estaba al tanto de todo y mostraban su malestar
pero Mily en cambio había entrado en pánico.
- Yo debo llegar a Salta. Usted no entiende, tiene que hacer algo - gritó
desesperada. Ante la negativa de los choferes Milagros fue a su asiento,
se calzó su mochila y con el novenario aún en la mano se
descolgó del colectivo.
- Dejen mi equipaje en la terminal de Mendoza, por favor - dijo a los
choferes que al escuchar esto supieron su determinación e intentaron
detenerla pero cuando bajaron ya ella corría entre los automóviles
detenidos.
Le pareció que había caminado más de una hora cuando
comenzó a ver el humo del piquete y llena de temor criticó
su osadía. "Ahora apechuga, flaca " se decía a
sí misma, pero no estaba preparada para lo que vería. Al
llegar al piquete se encontró con gente común; hombres,
mujeres y niños de rostros hambrientos y cansados. Milagros vació
de frutas su mochila entre los niños y compartió unos sándwiches
con los mayores. Gastó su poco dinero para comprar alimentos que
también compartió y regaló la poca ropa que llevaba
y hasta regaló la mochila que a esta altura ya le era innecesaria.
Al dejar el piquete sólo llevaba el novenario y una gran sonrisa.
A la hora que el sol abraza más, llegó a Tucumán.
Allí podría sacar un pasaje hacia Salta... si tuviera dinero.
Lamentó no haberlo previsto ya que sus pies estaban afiebrados
y doloridos.
Cruzó la ciudad a dedo y cuando se alejaba de la zona urbana un
coche se detuvo y se ofreció a llevarla. Era un hombre que viajaba
con su nieto de 5 años y se dirigía a Salta:
- En este cachivache vamos a llegar a la mitad de la procesión,
pero si lo apuramos un poco...
Milagros agradeció la intención y se entretuvo con el niño
hasta que la venció el cansancio.
Habían viajado casi cuatro horas cuando se despertó asustada.
El automóvil zigzagueaba enloquecido y su conductor trataba de
maniobrar en tres ruedas. Cuando se detuvieron, el hombre vio a su nieto
desmayado y con la cara cubierta de sangre y comenzó a nombrarlo
a gritos mientras trataba de levantarlo. Milagros se lo impidió
y trató de tranquilizarlo:
- No lo mueva, puede estar fracturado. Déjeme verlo, soy casi doctora.
El hombre bajo del automóvil y comenzó a dar vueltas mirando
al cielo. Sólo se calmó cuando Mily le dio el diagnóstico.
Su primer diagnóstico:
- No se preocupe, su nieto está bien. Sólo le sangró
un poco la nariz debido a algún golpe y el bamboleo hizo que se
salpicara todo el rostro. No tiene fracturas y ya volvió en sí.
Está llamándolo.
Algunos autos se habían detenido al ver el accidente y se acercaron
a ofrecer ayuda. El hombre vio la situación y le dijo a Milagros:
- Voy a tener que cambiar la rueda y tal vez no pueda viajar tan rápido.
Este carro no debe haber quedado muy bien. Debería dejar que uno
de estos señores la lleve. Salta debe estar a 20 minutos de viaje.
- No - respondió milagros categóricamente - además
alguien debe cuidar al niño hasta que llegue al hospital para un
chequeo más profundo. Yo lo cuido y usted maneja.
Una hora después se despedían en la puerta del hospital
de Salta.
- Si corre puede llegar al final de la procesión. Muchas gracias
por todo y espero que tenga suerte.
- No se preocupe, tengo más que eso. Gracias por el viaje. Adiós.
Preguntando por lo que recordaba de lo que le había contado su
madre y guiándose por el sonido de la sirena que anunciaba el final
de la celebración llegó a la plaza. Sumergiéndose
en la multitud llegó hasta frente de la catedral. En ese momento
la sirena comenzó a sonar más fuerte, las campanas repicaban
una melodía jubilosa y la gente sacaba sus pañuelos para
despedir al Señor y a la Virgen del Milagro. Era la primera vez
que veía esas imágenes y la euforia colectiva magnificaba
la experiencia. La gente lloraba de emoción y los niños
subidos a los hombros de sus padres saludaban con sus manitas.
A Milagros, la devoción de la gente la sorprendía y conmovía
a la vez. Mientras ella se resistía a las lágrimas imponiendo
su racionalidad, alguien la habló:
- Felicidades doctora Mily. Llegaste para los aplausos.
- Mamá - respondió entre sollozos - llegué en la
mejor parte.
Siguieron llorando en silencio mientras despedían a las imágenes,
abrazadas y cada una con su novenario en la mano, bajo la lluvia de pétalos
que caía desde el campanario.
Autor: Xavier
Edad: 28
País: Argentina
Residencia: Salta Capital
Ocupación: Independiente
Hobby: Jugar al fútbol, tocar la viola, la armónica, leer,
escribir, dibujar, esculpir, escuchar música, estar con amigos
Comentarios: Este cuento me lo encargaron para una revista y lo escribí
en dos horas. Fue un momento de inspiración. Les prometo que no
va a volver a pasar
Fecha de publicación: 30/05/2003
El Confesionario - Comentarios sobre el texto
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Comentarios de los lectores |
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24/06/2003 2:06:15 »» Alexandra:
Me gustó. Aparte que es un cuento agradable de leer está bien relatado. Xavier te invitó a que ingreses a la sección del "BAR", es un foro de encuentro entre los que escriben aquí, también hacemos cuentos colectivos entre amigos allí. Te esperamos. |
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31/05/2003 5:26:37 »» Palomita:
Xavier, ya te había dicho que me gustó mucho, ¿no? igualmente lo reitero. Es muy bueno, por favor, que vuelvan a pasarte estos lapsus más a menudo |
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