| Modo
de actuar ante un holgazán de barrio
Hay
un hombre que encuentro día a día en la perfecta monotonía
de mi vida.
A sólo dos cuadras de mi casa, donde periódicamente tomo
el colectivo, se instala este figurante flojo, inerte o vago (seudónimo
a elección de cada vecino).
El Holgazán (denoto aquí el distintivo que le otorgo) no
es más que una molestia para mí y el resto de los vecinos
que, al igual que ayer y al igual que mañana, toman el transporte
público en este lugar.
No es que él huela mal, o que ande incorrectamente vestido. No
es tampoco una cuestión de mala fama o temor. Simplemente una virtud.
Cada mañana a las 8:35 am, horario en el cual un grupo selecto
de habitantes de este vecindario, programada pero repentinamente, nos
encontramos y discutimos sobre asuntos que hacen al interés general
en un vecindario (ya sea vida privada de algún vecino excluido
de esta selecta minoría o determinado suceso extraordinario), este
sujeto se sienta con pava en mano a tomar mate.
No hace falta aclarar que no es su accionar lo que nos afecta, sino su
presencia, su petulancia al servicio de su oído, su insolencia
a favor de su lengua. Sentimos así la invasión voluntaria
de nuestro territorio.
Combatimos a base de miradas y frases al aire con tono despreciativo.
Hacemos caso omiso a sus sugerencias u opiniones. Pero no hay caso, el
hombre sigue ahí.
Hay sólo contadas ocasiones donde el individuo amerita toda nuestra
atención, aunque no la hagamos notar. Hay días donde este
gandul (así gusta llamarlo el Doctor) se presenta con alguna noticia
caliente sobre sucesos que se llevan a cabo en horarios que no frecuentamos.
La forma de actuar en esos casos, es la siguiente: A modo de no demostrar
interés en las palabras del sujeto, nadie, pero nadie de los presentes
debe pronunciar palabra alguna sobre esta información ya que (supuestamente)
no esta siendo tomada en cuenta. A continuación, se comienza a
hablar sobre algún libro de Dostoiewsky, tema en el cual este iletrado
jamás emitiría palabra, y finalmente se hace pasar el tiempo.
A la mañana siguiente, a medida que vamos llegando, y bajo estricta
ley de no mirar al inerte, se charlan temas de poca importancia hasta
que, minutos después de estar reunidos, la señora del Escribano
hace su entrada triunfal con alardes de gran noticia.
Después de una asombrosa actuación por parte de los presentes,
cuenta la confidencia ante nuestras caras de asombro total, dando testimonio
que la información le ha sido suministrada por su vecina y amiga.
A partir de ese momento la noticia es nuestra y está lista para
ser tratada por estos ilustres ciudadanos.
Autor: Pedro Andragnes
Edad: 21
País: Argentina
Residencia: Buenos Aires
Fecha de publicación: 14/06/2002
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