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Debajo
del sillón
La
señora Teresa invitó a tomar el té a una vieja amiga.
Todo transcurría a la perfección. El té de guindas
con dos cucharadas y media de azúcar, las fotos de la familia,
los pajaritos que cantaban desde sus jaulas en el balcón( la señora
Teresa vivía en un cuarto piso en un edificio sobre una apacible
calle porteña), la fresca tarde primaveral, risas y sonrisas, anécdotas.
En fin, nada que excediera los cánones de un té compartido
por dos señoras.
Entonces ocurrió lo inexplicable. Una masa de esas con nueces que
a la señora Teresa tanto le gustan cayó sobre la alfombra.
Como corresponde, la señora se inclinó con el fin de levantar
el pequeño bocadillo y dejarlo a un lado de la taza de té.
Y como quien no quiere la cosa, con una mirada casual, descubrió
un cuerpo debajo del sillón. Por los ojos y la boca abierta la
señora notó que se trataba de un cadáver. Advirtió
con horror que la mano derecha, extendida, sobresalía unos milímetros
del enorme sillón. La señora se levantó. La amiga
no advirtió que la masa seguía en la alfombra, así
como no había advertido que las puntas de dos dedos se asomaban
debajo del sillón en que se encontraba cómodamente sentada.
Hizo un comentario acerca de su columna y la edad al que la señora
Teresa asintió sin haber escuchado, y no fue por condescendencia,
sino porque es algo bastante extraordinario que uno se agache a recoger
una masa con una nuez mientras toma el té y vea un cadáver
debajo del sillón. Estaba realmente anonadada.
La señora Teresa pensó qué hacer. No creía
conveniente comunicarle a su amiga que estaba sentada sobre un cadáver.
No quería enredar a su amiga en semejante embrollo, amén
de las tendencias histéricas de la contertulia. Mejor no decir
nada, dejar que la amiga terminara el té de guindas, comiera un
par más de masas con nuez, prosiguiera con sus comentarios y se
fuera, en alrededor de media hora, un poco antes de que empezara a oscurecer.
Después de todo no había visto los dedos que se asomaban,
y lo más probable era que siguiera sin verlos. El cuerpo sólo
existía para la señora Teresa, que hacía unos minutos
se había agachado a recoger una masa y había visto al indeseable
huésped extendiéndole una mano en cordial saludo.
La señora razonó que no era precisamente correcto tener
un cadáver debajo del sillón. Por supuesto no tenía
nada que ver, pero no es lógico, y no está generalmente
bien visto, que las señoras alberguen cadáveres debajo de
sus sillones. Después de despedir a su amiga con un beso en cada
mejilla (primero derecha, después izquierda) la señora Teresa
ordenó un poco el departamento y se recostó. Quién
dice, tal vez mañana al despertar no encontrara más que
pelusas en el escondite del difunto intruso. Si era concreta la aparición
de un cadáver debajo de su sillón, por qué no iba
a ser razonable la ocurrencia de que para el día siguiente hubiera
desaparecido. Pero la señora Teresa ignoraba que al otro día
la desagradable sorpresa seguiría en el mismo lugar, el cadáver
había llegado para quedarse. Que estuviera un día y al otro
no ya eran demasiados fenómenos juntos. La realidad tiene límites
que no deben ser franqueados.
Molesta, la señora llegó a la conclusión de que bajo
ningún concepto podía dar a conocer la existencia del inerte
visitante. Mejor dejarlo ahí. De seguro alguien encontraría
el cuerpo algún día. En ese caso habría que sobreactuar
la sorpresa, lloriquear, gritar y hacer ademanes de desmayo. Organizaría
algún viaje y dejaría las llaves del departamento a algún
conocido "para que viera que todo estuviese en orden mientras ella
no estaba"
La señora Teresa ya era bastante mayor como para tener que hacerse
cargo de semejantes azares y no era culpa suya que un buen día
un cadáver apareciera debajo del sillón.
Abril de 2002
Autor: M. N. Rivera
Edad: 15
País: Argentina
Residencia: Buenos Aires
Título: Debajo del sillón
Ocupación: estudiante
Hobby: leer, escribir, la música
Fecha de publicación: 10/05/2002
El Confesionario - Comentarios sobre el texto
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Comentarios de los lectores |
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18/05/2002 17:57:40 »» Santos Domec:
chit, chit, chit....
muy mal lo tuyo, Rivera... Pero bueno... como dicen algunos: "shit happens"...
por ahora nada más te puedo decir que te cuides de los demonios de Loudun, Huxley. Te recomiendo que sigas escribiendo, pero mejor, que vos sabés hacerlo... El talento fluye por tus letras, Ronco, no lo estanques. |
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15/05/2002 15:14:17 »» eliza:
hey realmente me gusto bastante lei tus tres textos y me gustaron mucho aunque mi preferido es el de las dos señoras te felicito y da gusto saber que chicos de nuestra edad podemos dar mucho mas de lo que piensan nunca te dejes tirar abajo porque se que tenes talento verdadero!!!
gusto en conocerte eliza bueno e |
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12/05/2002 20:00:22 »» YIYO:
Me gustaron más los anteriores pero igual está muy bueno. |
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12/05/2002 19:52:59 »» naty y niru:
muy bueno el cuento te queremos mucho!!!!!!!!! |
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