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La
originalidad murió con la primera nota
Introducción
" Entre sustos, sombras y reflejos en los espejos se encontró
en el suelo a la víctima. ¿el asesino?, quién mejor
que el que nadie espera, su mejor amigo por despecho amoroso."
" Entre sustos, sombras y reflejos en los espejos se encontró
en el suelo a la víctima. ¿el asesino?, quién mejor
que el que nadie espera, su mejor amigo por despecho amoroso."
" Entre sustos, sombras y reflejos en los espejos se encontró
en el suelo a la víctima. ¿el asesino?, quién mejor
que el que nadie espera, su mejor amigo por despecho amoroso."
Las historias que escuchamos normalmente se repiten y repiten careciendo
totalmente de originalidad. Por eso os propongo que escuchéis esta
historia que un día me contaron en mi infancia. Una historia que
sucedió hace muchos años, en el siglo XVIII. Con este relato
no trato en ningún momento asustar sino que pretendo más
bien informar. Mi frágil memoria no recuerda algunos detalles de
la historia, por lo que me excuso.
Historia
En el siglo XVIII en Madrid, había rodeada de verdes y esbeltos
cipreses un gran caserón. Construido en lo alto de una colina se
le dio la función de asilo por orden del alcalde de la capital.
La gente que desde la ciudad veía las luces del caserón
se asustaban con la imagen tétrica que ofrecía. También
los forasteros que pasaban por la ciudad en sus carros preguntaban por
la casa del alto de la colina ante su amenazante posición. Pero
la realidad estaba muy lejos de las habladurías. En este asilo
lo único extraño que había eran las sombras y reflejos
que veían los ancianos mayores de 90 años, todos ellos desquiciados.
Nada era raro en la rutina de los ancianos que tenían tres comidas,
juegos y horas para dormir.
Todo era normal hasta que un día al amanecer, todas las familias
que tenían a alguien ingresado en el centro recibieron en sus hogares
una caja de pino en la que se encontraban sus padres o sus madres. En
carretillas de madera llevo cada familia a su pariente, ahora fallecido,
hasta el cementerio. En diferentes cementerios de toda la comunidad de
Madrid fueron enterrados estos ancianos. Nadie conecto todas las muertes
haciendo una tragedia del suceso. Sólo en la, ahora sí,
tétrica casa de la colina sabían la catástrofe y
lo hicieron saber a las autoridades.
Ninguno de los 500 hijos de los 380 fallecidos quiso emprender acciones
legales contra el centro cuando se les dio la noticia de la tragedia del
asilo. La policía sin embargo no podía dejar este caso impune
y comenzó con la exhumación de los cuerpos. Uno por uno
los sacaron de sus féretros, y uno por uno vieron las heridas que
los ancianos tenían por todo el cuerpo debajo de sus blancos camisones.
En el cementerio del asilo se enterraron, como otras tantas veces, a los
fallecidos de los cuales sus familiares se habían desentendido.
También estos fueron desenterrados en una tétrica hora de
angustia. Como los otros estos también tenían marcas por
todo el cuerpo. La policía no se explicaba como ningún familiar
se dio cuenta de esto y peor aún como si lo vieron no quisieron
emprender acciones contra el centro. En el asiló nunca habían
dicho que fueran inocentes, es más dieron la opción de la
comida en mal estado. Pero la noticia de que los ancianos habían
sido maltratados físicamente les sorprendió totalmente y
negaron su implicación. Aún así todos lo doctores,
enfermeras, cocineros, es decir toda la gente que trabajaba en el caserón
fueron arrestados. La noticia salto en seguida a los periódicos
de hojas amarillas y a la corona que solucionó el problema con
mano dura. Según la importancia del cargo en el centro, el rey
mando desde la condena a muerte hasta la libertad vigilada. Para el ajusticiamiento
el rey hizo traer una guillotina del país vecino, Francia. La historia
acabo cuando se guillotinó en el centro de la Plaza de Aranjuez
al director de centro en presencia del mismísimo monarca español
y ante el jolgorio de la multitud presente que abarrotaba la plaza pidiendo
justicia. El asilo fue derribado en su totalidad, dejando sólo
el cementerio del centro por petición popular.
La sociedad española respiró tranquila tras el ajusticiamiento,
nuevamente el que la había hecho la había pagado y en paz.
Pero esta vez no era igual, los doctores cuando gritaban su inocencia,
en celdas e incluso cuando la hoja de la guillotina les oprimía
el cuello, decían la verdad. Los ancianos del centro, reverenciables
personas, nunca recibieron un palo como nunca se les dijo una palabra
salida de tono. Su dolor venía de tiempos anteriores y mejores
que pasaron. La soledad comía poco a poco a cada uno de ellos tal
como lo haría una enfermedad degenerativa. Una enfermedad que te
destroza pero que no te mata. La peor de las enfermedades que te hace
vivir con todo el dolor. Los ancianos llevaban varios años sufriendo,
algunos posiblemente desde su entrada, y fue entonces cuando estallaron.
En esa noche de tétrico final, se reunieron todos los ancianos
del complejo turístico para acabar con su dolor. Ninguno de los
doctores o enfermeras se enteraron de lo sucedido porque
aunque los ancianos se estaban matando unos a otros a golpes, ninguno
de los ancianos gritaba por el daño de los golpes. Ahora mismo
esos golpes eran su menor dolor, incomparable con el sufrimiento que llevaban
dentro y que les carcomía. Así fueron cayendo al suelo todos
los ancianos en un baño de sangre sin igual.
Conclusión
Esta historia está contada con la brevedad en que la ha convertido
el olvido de mi memoria. A mi me la contó con todo lujo de detalles
mi abuela que fue víctima de ella. En esos días, ella perdió
la cabeza cuando mataron injustamente en la plaza de Aranjuez al hombre
al que amaba. Mi abuela repitió esta historia a todo el mundo hasta
el día en que murió. Aunque yo no sé realmente: si
se la inventó para limpiar el nombre de mi abuelo u ocurrió
realmente.
Dedicado a Steven Soderbergh
Críticas, sugerencias,
preguntas, opiniones....., a la siguiente dirección:
judyvovich@hotmail.com
Judy Vov.
Autor: Judy Vovich
Edad: 20
País: España
Residencia: Soria
Ocupación: estudiante
Hobby: cine
Fecha de publicación: 15/03/2002
El Confesionario - Comentarios sobre el texto
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Comentarios de los lectores |
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21/02/2003 5:54:59 »» Anthony Jewis:
Ese judy es el mejor. Es un estilo sorprendente. Tu mismo te contradices, la orinalidad todavia no ha muerto aunque hay pocos que la logran
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09/12/2002 3:48:06 »» L. McLoney:
Me encantan las historias de este tipo, que al final no sabes si fue verdad o fue mentira, tambien creo que eres un muy buen narrador y eso tambien tiene mucho que ver,te felisito. |
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24/05/2002 3:56:53 »» Karman Pardao:
Me parece increible que una persona con tan solo 20 tacos, sea capaz de escribir una historia tan enlazada y transgresora. Continua asi, por favor, continua. |
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01/05/2002 12:42:21 »» Ken Jairo:
Soy un autor de tu misma edad. Es sorprendente el estilo utilizado, creo va en buena dirección; es más, creo que en nada se compara este relato con los que he leído hasta hoy en esta categoría de "El COnfesionario". Permiteme felicitarte por la originalidad y por el efecto convincente que tiene; además, de la perfecta ubicación en el tiempo que considero es parte fundamental para que el relato sea aceptado.
Es un buen relato, espero poder comunicarme contigo pronto... Ken Jairo
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18/03/2002 7:27:58 »» Judy:
como autor os animo a dar vuestra opinion sea buena o mala |
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