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La carta No puedo resistirlo, esta
vez tengo que abrirla... Esto casi se ha convertido en una rutina, un
ciclo de persecuciones y escapas desde que regresé de Guatemala.
Otra maldita entró como un espía sigiloso por debajo de
la puerta mientras dormía. No pude escuchar ni ver cuándo
invadió mi hogar. "Sra. Amalia Pérez
de Rovira Lo que más me jode es que sí le he tomado
gusto a este estudio. El de Río Piedras en la calle de Diego era
más grande, pero siempre penetraba aquella asquerosa y nauseabunda
peste a manteca del Burger King y el McDonnal's de los bajos y se mezclaba
con el olor putrefacto que manaba de las alcantarillas. Caramba, sí
casi lo puedo oler todavía. Ya mi propio olor, mis ropas se habían
fundido en una misma fragancia, pero si me sentía más segura.
Allí tardó dos meses en encontrarme... Hasta que entró
otra carta, como hoy, aunque no quisiera guardarla junto a las demás
en la lata de galletas holandesas. No, no aguanto más. Esta vez
venceré mi temor o cobardía. ****** Maldito sobre, no me vas a sacar de aquí, y
justo ahora, que pinté mi pequeño refugio rectangular: esas
dos paredes blancas y ésta de la entrada naranja, claro para que
dé luz, alegría, y en frente esta pared verde pálido
con mi escritorio-comedor y mi pequeña computadora portátil
violeta. Ni que Miró me hubiese ayudado a decorar. Yo que iba a
comprar hoy unas margaritas para ponerlas en la mesita junto a la cama
como hacía todos los días Alejandro. Nunca me lo enseñaste, lo doblaste y metiste
en tu bolsillo, tomaste tu cámara, me diste un beso y adiós...
Te quiero tanto, me dijiste. Sí, claro, cómo me jodiste
la vida... Ahora este sobre... Pero me tomo primero un café y luego lo abro. Alejandro siempre decía que no amanece ningún día hasta que huela a café con tostadas. Desayunaré y luego termino el ensayo autobiográfico para el periódico. No, no puedo, lo hago ahora o nunca; abriré ese odioso sobre. "Consulado de Guatemala" ¡Eso es lo único que tiene escrita esta hoja, mierda! Lo sabía, mierda, ahora tendré que ir... Luego escribiré el ensayo y par de reportajes para el periódico. El Anunciador-- 4 de noviembre
de 2000 Ana Maria Fuster Lavín
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