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Sólo fui por un café Una vez, estábamos jugando ouija, y éramos 6 amigos, mientras jugábamos una de nuestras amigas, Norma, se burlaba de todo. Estábamos con las luces apagadas, solo con una vela, pero de pronto se apagó, y cuando quisimos prenderla, los cerillos se apagaron un par de veces, y el fósforo apagado pero al rojo vivo, salió volando hacia mi amiga que se burlaba sin parar, tuvo que salir ya que no podía controlar su miedo. No nos importó lo sucedido y continuamos jugando. Víctor, que estaba manejando el indicador, comenzó a llorar, no dejaban de salir lagrimas de sus ojos, y le preguntábamos por qué lloraba, pero contestaba que no estaba llorando, y continuaba concentrado en el juego, después a otro amigo, Martín, en su sombra reflejada por la luz de la vela, se alcanzaba a distinguir un par de cuernos en su cabeza, y veíamos en su rostro y no tenía nada. La tabla nos dijo que teníamos que pagar por nuestras respuestas, y que no iba a ser tan simple como creíamos. Dejamos! de jugar, y salimos a la calle, Martín era el único que se tenía que ir sólo hacia su casa, que estaba muy cerca a menos de 2 cuadras, pero como siempre lo hacía no tomamos importancia. Esa misma noche, en la madrugada, recibí una llamada, y era la madre de Martín que no aparecía. Llamé a todos mi amigos y nadie sabía nada de él, yo me quedé con la tabla, y mi hermana y yo obsesionadas, le preguntamos si sabía dónde estaba nuestro amigo, a lo que él contestó que nos advirtió que pagaríamos nuestras respuestas, y el ya había pagado. Dos días después lo encontramos muerto
en la calle, parecía haber sido atropellado, pero lo extraño
es que donde apareció estaba a 2 horas de su casa, no tenía
que haber pasado por ahí para nada. Tratamos de deshacernos de
la tabla pero no podíamos, de cualquier forma regresaba a nosotros,
hasta que la llevamos a la iglesia y le echaron agua bendita. Balderas Hernandez Erika Noemi Escribile
al autor
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