CALLE DE BARRO.-(UN CUENTO ENTRE LA REALIDAD Y LA FANTASÍA).


Nacía en la calle Chascomús, casi esquina Pola, en el Barrio de Mataderos, hace ya...mucho tiempo.-

Yo ya había conocido ese gris duro del asfalto,cuando caminábamos hacia la casa de mis tíos, o al concurrir a la escuela.Sabía de los negocios, de los vehículos que corrían de un lado a otro, como lo hacían la gente los días festivos.Pero mi casa estaba en la única calle de tierra que quedaba allí.Donde corríamos sin peligro alguno pues todos los conductores trataba de no pasar por ese lugar,para no quedar empantanados.Eran entonces los partidos de football con una pelota de trapo hecha con una camiseta vieja,las carreras de embolsados, la "payanca"(un pequeño palito golpeado en su punta y que saltaba por los aires),el carnaval que dejaba todo como si fuera una lluvia torrencial de papeles de colores.La tierra, toda la tierra en la piel, pegada con los sudores.Iconos de barro que se movían alocadamente entre música y risas.Sí, eramos distintos a los demás.Apenas una sola calle de tierra cortada por dos de asfalto;pero ¡era todo tan distinto!.

Las gallinas picoteaban en el zanjón,mientras las vacas del lechero se quedaban satisfechas descansando apenas un momento,tirándose en el suelo.Las madres se proveían de leche fresca,de las grandes porciones de manteca que sacaban de unos tarros de desconfiable aspecto.El vendedor de pajaritos pelados,los que mi madre los hacía pasar por una fina caña que colocaba sobre la olla hirviente de polenta, para luego mezclarlos con el estofado.El hornillo de zinc sobre el fuego/(carbón)que contenìa los patos,las palomas o los pollos que teníamos en el fondo de la casa.El pescador de grandes canastas que llevaba colgando de una gruesa caña, como la balanza de la justicia.Los pavos pasaban en grupo con su "gulu""gulu"ensordecedor, hasta que el elegido,era enganchado en una pata con un largo alambre.

Si, todo era distinto en esa calle.

Llegada la Navidad, todos en sus puertas abrazándose, besándose, cantando y deseándose una felicidad que la mayoría de las veces ,no llegaba jamás.

pero aunque era era tierra en las manos,en las bocas,en las ropas y los días de lluvia,el barro,todo parecía radiar alegría.Las vecinas charlaban por las tardes y mientras unas bordaban,otras contabas sus historias del país donde habían nacido.

Volví a aquél lugar, no hace mucho.Ya la calle fué asfaltada y las casas ya no son como las de antes.No se siente el olor a limoneros, toronjales, a tierra.Todo es distinto, aquella calle ya es de asfalto, dura, gris.

Entrecerré los ojos,de pronto, sentí risas y voces que me llamaban,pero fué solo un instante. FIN


Antonio Guillermo Molina
Jubilado
65 años
Hobby: música,teatro,pintura,viajes,escribir,etc.
Buenos Aires (Argentina)

Comentario: Hoy voy a probar otra vez, me ha impulsado el empuje dado por los que leyeron los anteriores cuentos y el saber que ELCONFESIONARIO,me dió la primer oportunidad de lanzarme a una tarea a la cual no me había atrevido hasta ahora. Nunca dejaré de agradecerles.

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