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UNA TARDE EN LA 18 --¡Señora, no cruce! La luz
está verde. Aquella tarde mientras esperaba la guagua, me puse a observar el mundo del peatón. Mi carro se acababa de averiar y no usaba la transportación pública desde mis años de universitaria. Me encontraba en otra dimensión, la parada 18 de Santurce, un barrio de San Juan de Puerto Rico, parecía una contaminada y apestosa pesadilla. Polvo, ruidos, tecatos pidiendo para el vicio, bocinazos, un cocolito con el radio a todo volumen (oyendo Rap, qué mucho odio esa música), las aceras parecen queso suizo (claro, como es año de elecciones, dicen que las van a arreglar), carros por todos lados. ¡Y los olores! Hay un aroma -más bien una peste- a sudor, orines, el grasero del Burger King y el restaurante chino, vómitos, la alcantarilla desbordada, más el perfume fuertísimo a rosas de la señora que estaba a mi lado. Me puse a observar un perrito -algo así como un chihuahua sato- que jugaba con una cajita de la oferta Núm. 1 de Taco Bell. La aguantaba fuerte con las patas delanteras y con el hocico trataba de abrirla, pero se le caía. Volvía a repetirlo. Lo ayudé el par de veces que se le quedó la cabeza dentro de la caja y comenzaba a llorar. Así me entretuve para no ver a la señora que seguía tratando de cruzar cada vez que el semáforo se ponía verde; para que el tecato no siguiera pidiéndome un peso; para que no me hablaran de los populares y los penepés, del último capítulo de la telenovela. --Señora, que la van a aplastar. Venga
pa'cá. Ya se oía el chillido de los frenos. Me arrodillé a coger mi maletín y darle una caricia al pequeño perro. De momento se oyó un fuerte cantazo. Solté al perro. --¡Atropellaron a la señora! Corrí a donde la señora. No respiraba.
Sentí que todo mi cuerpo ardía; tenía miedo
y coraje. --Señorita. -dijo un policía que interrumpió mi letargo. --No se preocupe yo me encargo de este pobre ser. Le di entre lágrimas un beso al policía.
Agarré mi maletín y al perrito. Nos fuimos a pie a
casa. Pd. --Glosario (puertorriqueñismos) Correctora, editora y redactora de textos escolares 32 años Hobby: leer, escribir, ir a la playa, vivir y respirar. San Juan (Puerto Rico) Comentario: Gracias a El Confesionario por esta maravillosa revista. Escribile al autor
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