LABERINTOS DE CALLES
En las calles estrechas de mi ciudad, donde las paredes desconchadas,
húmedas, me hacía situar en la parte vieja de la ciudad.
A veces no sé donde me encuentro, ando y ando para descubrir
nuevas calles, ver nuevos escaparates, ver nuevas caras de las gentes.
Me gusta mucho las calles estrechas, hay gentes que se inclinan
por pasear en avenidas amplias llenas de tráficos, a mi me
gusta más la parte sombría, no sé, me ayuda
a pensar más quizás, a reconcentrarme en mis pensamientos.
Las gentes varían de una zona a otra, de una calle a otra.
Por ejemplo, donde paseaba esta mañana las gentes son como
más hurañas, y también más raras, como
más de la bohemia, como apartado de la modernidad de la ciudad,
donde rechazan el tráfico y las propagandas luminosas, sonoras,
tactiles... Siguen paseando y viviendo en la parte vieja de la ciudad,
donde en su momento fueron de los moros, y luego de los judíos
y luego de los cristianos, algo se conserva, ese espíritu
viejo, ese sabor añejo, es un modo de estar en otra escena.
La ciudad no la conozco del todo. Es más sorprendente aún.
Por que estar en una ciudad que no conoce sus calles es perderse,
es entrar por una calle y terminar por otra, entrar por donde no
debía y terminas en un callejón lleno de prostitutas
sentadas algunas en sillas de aneas y otras de pie moviéndose
ansiosamente buscando clientes. Doy marcha atrás y termino
en un callejón sin salida donde aún se mantiene esa
tradición de ¡agua va! de determinados vecinos desde
sus respectivas viviendas, contraventanas de madera vieja, el sonido
repetitivo de un cerrar y abrir de puertas de gran grosor. He tenido
suerte, no he sido mojado con esa ¡agua va!, pensaba que era
cosa del pasado lo del ¡agua va! y que el milenio nuevo es
mandemos al motorista a traer pollo y patatas fritas. Bueno, salí
de ese callejón sin salida y terminé en una iglesia
abandonada, donde unos gitanos habitaban en ella, un niño
gitano me ofrecía algo que me resultaba difícil entender,
abandoné la iglesia abandonada por que había algo
extraño que no me gustaba, casi me sentía acorralado
por vagabundos gitanos. El corazón me remolcaba. Bajaba y
subía cuesta. Entraba en tiendas de compra-ventas de objetos
anticuados. En otra tienda, dos mujeres muy ancianas cargaban sobre
sus hombros sacos de carbón, ;la carbonería; reza
encima del hueco de la puerta en pintura roja casi ilegible por
el paso del tiempo. Me dije que vivir en esa parte de la ciudad
necesitaría un proceso de adaptación, es una gozada,
pero cómo se vive en esa zona casi medieval, donde los vecinos
tienen comportamientos casi medieval, y yo en esa zona era visto
como un turista accidental como muchos, pero un tipo de turismo
para gentes raras, muchos no se atreven a entrar por esas zonas,
incluso en plan grupo, hay demasiada inseguridad ciudadana o no
sé que historias dicen las gentes avanzadas de la parte de
la ciudad avanzada y/o modernizada. Las calles son laberintescas,
como el ratón de laboratorio en su laberinto. La iglesia
abandonada okupadas por gitanos se halla en el centro del barrio
viejo de la ciudad, luego, como pieles de una cebolla, iba por calles
y calles alejándome de esa iglesia hasta llegar a la periferia
del barrio viejo, rodeada por una gran muralla. Más allá
de la muralla son edificios modernos, muchos de ellos rascacielos,
y amplias avenidas, y muchos coches, y muchos viandantes dedicados
al negocio, es una ciudad del negocio, como si fuera el ombligo
del mundo pero en asuntos económicos, donde las grandes compañías
radicaban en esa ciudad, y con sus garras los controla todo, controlan
a todo el mundo. Casi al llegar a la muralla, y atravesarla para
estar al otro lado, en esa última calle paralela a la muralla,
encontré una librería de viejo, libros viejos colocados
en estanterías de mala muerte. También revisteros.
Vendían revistas también. Y discos de música.
Husmeé un poco. Viejos libros, viejas costumbres, viejas
tradiciones, gen!
tes sosegadas, veía diversos títulos extraños
que no me sonaban al ser educado en la ciudad de los rascacielos,
me resultaba todo ignoto, desconocido. Una mujer de pelo canoso
llevaba revistas bajo su brazo antes de salir de la librería
de viejo, me fijé en los títulos de las revistas...
;Muy Interesante;;Perdona, ¿Por qué compra revistas
Muy Interesante?, que es una revista de divulgación científica...;;Realmente
no conozco el carácter de las gentes del otro lado del muro...
Y se fue en un santiamén, como una diosa, adentrándose
en callejones con esas revistas bajo el brazo. Me quedé prendado
de esa imagen de aquella mujer de pelo canosa, y de todas las gentes
del barrio... pero realmente algo me impide vivir en esa zona, salté
el muro y me introduje en la ciudad del ruido, y de los rascaciones
y de...
¿Qué pretendía decirme el niño gitano
de aquella iglesia abandonada?
¿Volveré?... Interrogantes tras interrogantes, me
monté en un taxi y me fui...
Granada 19 de septiembre de 2000