| Carta a mi país Viernes 27 de agosto de 2004 Memorias de un tiempo pasado y presente, quizás esas son las palabras que más se conjugan al pensar en esos momentos, cuando a veces crecer, también cobra el precio de la distancia. Ver tu hogar desde el vidrio, tu familia, tus amigos, tus más pequeñas pertenencias, tu niñez, y cada uno de los tropiezos que te llevan a ahora a ser quien eres. Si,… soy una más, una de las tantas personas que han tenido que volar como aves, emigrando de su nido, y al mirar hacia atrás, recordar con nostalgia, esa vida que uno ha construido, pero que de a ratos se ve tan lejana. Recordar…, recordar, el aroma al jazmín, mezclado con la alegría en la llegada de cada nuevo año, los candombes lindos de mi ciudad en una noche de verano; el frío intenso que se compensaba cerca al fuego del hogar y al calor de la familia. Los mates amargos, que saben dulces cuando uno tiene la dicha de compartirlos con gente especial; la brisa del viento que se mitiga con el calor tibio del sol al caminar por la arena, el anochecer que te envuelve junto a ese Río infinito, colmado de estrellas. Mi ciudad, mezcla de matices, mezcla de alegrías y de tristezas, de gente capaz de seguir adelante buscando un mejor futuro, del que no tiene y anhela y del que tiene y anhela, lo que el dinero jamás podrá comprar. Llevar en la piel todas las sensaciones que me has regalado, es una de las bendiciones mas hermosas que Dios me ha podido dar, mi pedacito de tierra, tan pequeño y tan grande al mismo tiempo. Gracias… gracias, por esas nubes de hojitas secas, que crujían debajo de mis pies en ese otoño tan cálido, gracias por esa lluvia fresca que dominaba el calor cuando se tornaba sofocante, gracias por tu historia, por tu pasado que me ha dado identidad, identidad que hoy se reconoce al asociarse a tu nombre. Podrán intentar mancharte o lastimarte, pero tu siempre serás quien eres, tierra de Dios, hogar de sus hijos, celeste en el corazón, al igual que un pedacito de cielo que se abre para aquellos que saben apreciarlo, tu siempre serás hogar aún de aquellos que te amamos a la distancia, tu siempre serás ese rinconcito elegido por nuestro creador para llenarnos de luz y de esperanza, para enseñarnos que aún se puede si mantenemos nuestra fe en alto y nuestros principios sólidos, tu siempre serás…, nuestro Uruguay.
Mónica
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