|
Aún
le quiero...
Yo tenía 13 años. Hacía un par de meses que tenía Internet. Lo usaba moderadamente, pues sabía que no era conveniente tenerlo como vicio. Cada dos tardes, más o menos, me pasaba como unas dos horas chateando. Normalmente hablaba con gente que quería pasar una tarde agradable y nada más, pero también encontré a tres grandes personas, que buscaban, como yo, nuevos amigos. La ayuda que ellos me han brindado no la olvidaré jamás. Ellos eran José Antonio, Eva y José Miguel. Fue este último, Josemi, quien cambió mi vida por completo. Él llegó una tarde como otro cualquiera, pero resultó ser mucho más simpático que el resto, demostraba interés por saber qué me pasaba, me decía que al leerme notaba algo raro en las palabras. En muy pocos días, ambos supimos todo del otro. Cada noche, al acostarme, idealizaba a Josemi. Trataba de encontrarle un rostro. Soñaba con él, con un muchacho al que no se le veía el rostro. Al fin, decidimos llamarnos por teléfono, después de varias semanas de habernos conocido. Al principio estábamos algo cortados, pero su madre le animaba a contarme lo que había hecho ese día y cosas así. Los dos nos reíamos. Él le decía que se fuera, porque así se cortaría menos. Su madre se reía aún más. Su voz... su voz era la más bonita que había escuchado nunca. Sonaba... cálida, apacible, tranquilizadora... A partir de la segunda llamada parecíamos conocernos de toda la vida. Hablamos durante media hora sin parar. Y así día tras día. Sentíamos un fastidio enorme cuando las monedas para la cabina se me acababan, o el saldo de su móvil empezaba a agotarse. Nuestros padres nos riñeron más de una y más de dos veces al ver la factura del teléfono. Al menos sus padres sabían a quién llamaba. Los míos no... Al fin, al llegar Semana Santa, me dijo que vendría al pueblo de su abuela, que se encuentra a unos kilómetros del mío. Yo ansiaba que ese día llegara. Tenía toda la tarde planeada: primero se lo presentaría a mis amigas, y luego él y yo nos iríamos solos, por supuesto. Pero mi hermana se lo contó a mi padre, y él me dijo que no nos permitiría quedarnos a solas. Él pensaba que yo aún era una niña. Su actitud fue muy machista, pues además decía que si yo hubiese sido el chico, quizás no pondría tantas trabas. Yo me enfadé mucho, pero decidí seguir con lo que tenía pensado. Pero llegó la víspera y él me llamó, diciéndome que sus padres no podían traerle porque un tío suyo se encontraba en el hospital. Lo dijo muy apenado, y las lágrimas resbalaron por mi cara durante horas. Mi padre me oyó hablar, y se reía de mí, pensando que realmente no me importaba. Me dijo que tenía que acostumbrarme a que me diesen "calabazas", pero yo sabía que Josemi realmente sentía no poder venir. Ya volvería en el Verano, habría más tiempo, y tendríamos muchas más oportunidades para estar juntos. Llegaron finales de Abril. Mi padre recibió un mensaje en su móvil de Josemi. Era una cadena de las típicas: "...Manda este SMS a tantas personas, recibirás una prueba de amor verdadero, bla, bla..." Me dijo que lo llamase y le dijese que a su móvil no volviese a mandar cosas así. No tuve más remedio que llamarlo y decírselo. Me dijo que lo sentía, que no le pareció motivo para que mi padre se enfadase. Yo desde luego que lo comprendía, no era motivo alguno para enfadarse como lo hizo. Cuando me oyó decírselo, mi padre se marchó de la habitación, y yo seguí hablando con él, que estaba con su primo en el parque de atracciones. Me dijo que tenía algo importante que pedirme formalmente, pues aún no habíamos hablado de ello directamente, y no quería que el asunto quedase como un supuesto, pero que me lo diría su primo, porque a él le daba corte. Ramón me saludó muy amistosamente, y me dijo: - "Josemi quiere que seáis novios formales, aunque sigáis siéndolo sobre todo por el chat. ¿Qué respondes?" Yo me puse muy contenta, pero de repente oí cómo se reían, y cambié radicalmente de actitud: -"NO" Habló Josemi: -"¿Por qué?" -"Pensaba que no eras como los demás, que eras distinto, que me querías. ¿Lo de tu tío era verdad? Ahora lo dudo." -... Y se acabó. Al día siguiente yo entré en el chat, con unas ojeras enormes, después de no haber dormido nada y de haber derramado mil lágrimas, deseando encontrarlo allí y arreglarlo todo. Necesitaba saber que sí me quería, que aquellos meses habían servido para algo. Pero en cuanto entré, el abandonó el chat. Desde entonces, no he vuelto ha saber nada de él. Quizá dude eternamente si él me quiso o no, si yo no debí decir que no tan precipitadamente, si desde entonces debería de haber intentando contactar con él alguna vez... Han pasado 2 años y yo aún no lo he olvidado. ¿Sabes? Si por una remota casualidad lees esto, quiero que sepas que no he dejado de pensar en ti ni un sólo día, que te quiero de un modo como jamás he querido a nadie, que estoy muy arrepentida, pues quizá sea culpa mía que lo nuestro terminase... Ahora es demasiado tarde para descolgar el teléfono, o para enviarte una carta. Te envié algunos mails pero... regresaban a mi cuenta de correo. Desistí, claro, muy a mi pesar. Lo único que puedo hacer ya es consolarme con el recuerdo de tu voz, que aún resuena en mi mente; todavía tengo grabadas las primeras carcajadas que oí de tu garganta. Solamente me queda decir, infinitas veces más de lo que me lo he repetido a mí misma: LO SIENTO. Autor:
Esther
Edad: 15 País: España Residencia: Villaralbo (Zamora) Ocupación: Estudiante Comentarios: Me gustaría saber la opinión de alguien sobre esto de los "amores cibernéticos" Fecha de publicación: 24/04/2003
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||