La edad del amor

Aún no lo entiendo. Qué daño pudimos hacerles para que nos destrozaran así la vida, si lo único que hicimos fue amarnos...

Recuerdo todavía la primera vez que te vi. Estabas llorando en la escalera del viejo edificio donde vivía yo con aquel grupo de adolescentes tutelados, extraídos de nuestros hogares por el gobierno, algunos por conflictivos o algunos, como yo, porque corría el riesgo de caer en la tentación de las miles de jeringas que azotaban mi antiguo "hogar". Yo con estos chicos me encontraba mejor, más segura, pero claro, siempre me faltó cariño.

Me impresionó que lloraras, parecías un hombre fuerte, si no fuese por las lágrimas y la forma de aferrar aquella pequeña carpeta. Dudé sobre qué hacer, pasar a tu lado y llegar hasta el piso hubiera sido la opción que me habría librado de tantos problemas que hemos vivido en los últimos años, pero sentarme junto a ti y acariciarte el pelo sin ni siquiera conocerte es lo mejor que he podido hacer en mi vida, y nunca me arrepentiré de haber producido nuestro primer abrazo, abrazo de desconocidos, aferrándonos al único consuelo que tuvimos. Unos segundos después, como despertando de un letargo alzaste la vista, me sonreíste y preguntaste "quien es la joven dama que ha podido sacarme una sonrisa".Entonces empezó todo, los sucesos fueron rápidos, pronto conocimos casi todo de nuestras vidas, aprendí a evadirme del piso tutelado para entrar a hurtadillas en tu casa, te despertaba dulcemente, y tu saltabas de repente para hacerme cosquillas por todo el cuerpo haciendo que me doliera la barriga de reír. Por las noches intentábamos vernos en la azotea y me contabas fragmentos de tu vida, yo acostada sobre tus piernas, tu acariciándome la cara...hasta que daban las diez y tenía que volver al piso. Así transcurrieron varios meses en los que ambos alcanzamos la felicidad, aunque fuera a escondidas, pero yo logré olvidar aquella infancia trágica y tu al fin te sentiste querido. Pero surgió un anhelo, amarnos en libertad. Era imposible, mis dieciséis años no podían siquiera ser maquillados para aparentar más, porque mis rasgos infantiles y mi constitución menuda alegaban incluso menos. Soñábamos con vivir lejos, con casarnos, con tener una familia, con amarnos siempre. Y soñando pasaba el tiempo, se aproximaba mi mayoría de edad.

Unos meses antes creyeron oportuno evaluarme para saber qué opciones podría tener al salir del piso tutelado. Y entonces descubrieron lo nuestro. No sé cómo fue, yo no dije nada, sé que tu tampoco. Creyeron que me habías convencido con tus dotes paternales para abusar de mí.

Lo recuerdo del juicio. Tú te sentabas en el estrado alegando que nos amábamos mientras yo escuchaba al otro lado de la puerta esperando a que el psicólogo forense intentara hacerme creer que estaba confundida y tu me habías utilizado. Fue la última vez que te oí. Tras las pruebas médicas dijeron que tenía síntomas y desgarrones de haber sido forzada sexualmente. Alegué que eso debía ser por lo que me hizo mi padre.

Nunca me creyeron, me chillaban que dejara de defenderte. A ti te condenaron, pero como no pudieron encontrar restos de semen en mi vagina solo pudieron imponerte alejarte 500km de mi. Yo, para que dejaran de obligarme a recibir tratamiento psicológico en el que intentaban hacerme olvidarte y culparte del daño que me habías hecho, acabé diciendo que era verdad, que me habías hecho mucho daño, y que ya no quería volver a verte. Pero el único daño que me hiciste fue creer que eso lo dije en serio, fue no confiar en nuestro amor, alejarte de mi y no volver a intentarlo nunca más.

Te entiendo, porque yo también he desistido ya, he abandonado nuestro amor y lo he dejado en el recuerdo solo como unos años felices de caricias y jugueteos inocentes. Porque nunca me tocaste como ellos dijeron, siquiera nunca me besaste cuando yo me moría por probar cómo sería sentir tus labios sobre mi piel, porque decías que preferías esperar a que hubiese probado otros labios antes de compartir contigo aquel tierno sentimiento, ya que el primer beso nunca se olvida y a ti acabaría queriendo olvidarte. Nunca supe por qué lo decías pero hoy sé que tenías razón. Estés donde estés, feliz 36 cumpleaños, yo dentro de poco tendré 20 y aún no he vuelto a amar como lo hice contigo
.

Autor: Pitufiya
Edad: 20
Fecha de publicación: 09/08/2002


El Confesionario - Comentarios sobre el texto
Comentarios de los lectores
26/02/2003 13:33:42 »» Pitufiya,Paloma:
Si que me pasó Xavier, debe notarse cuando uno escribe realidades,¿no?. Por cierto, con Así nos conocimos y Aquellos Tórridos años, aunque firmé diferente, me dijiste parecido. Gracias por tu apoyo, y tenes razón, yo sé que debo rebajar mi romanticismo ;)
25/11/2002 14:10:54 »» XAVIER:
TE PASO A VOS?
ES MUY REALISTA LA HISTORIA Y EL LEXICO ES MUY ROMANTICO. GENERALMENTE NO ME GUSTAN LAS HISTORIAS MELOSAS PERO ESTA TIENE UNA TRAMA MUY ORIGINAL. FELICIDADES.
26/02/2003 13:33:42 »» Pitufiya,Paloma:
Si que me pasó Xavier, debe notarse cuando uno escribe realidades,¿no?. Por cierto, con Así nos conocimos y Aquellos Tórridos años, aunque firmé diferente, me dijiste parecido. Gracias por tu apoyo, y tenes razón, yo sé que debo rebajar mi romanticismo ;)
25/11/2002 14:10:54 »» XAVIER:
TE PASO A VOS?
ES MUY REALISTA LA HISTORIA Y EL LEXICO ES MUY ROMANTICO. GENERALMENTE NO ME GUSTAN LAS HISTORIAS MELOSAS PERO ESTA TIENE UNA TRAMA MUY ORIGINAL. FELICIDADES.