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Después de haber estudiado casi toda mi vida en un colegio privado y de monjas, decidí cambiarme de liceo, dejar a mis amigos de toda la vida para empezar a darle rumbo a mi vida. Y fui a parar nada más y nada menos que a un colegio público, donde la mayoría de los estudiantes son de clase humilde; por supuesto lo menos que pensé cuando ingresé fue que allí pasaría los 2 mejores años de mi vida. Estudiábamos en mi salón sólo 15 personas lo que hacía más fácil la compenetración en el grupo. Siempre se me ha hecho fácil hacer amigos aun cuando parezco introvertida. El hecho es que enseguida todos éramos panas. Eramos super revolucionarios entrabamos a las clases que nos daba la gana, ibamos cuando queríamos y hacíamos nuestra voluntad, aun es un enigma para todos el por qué nos graduamos con tan buenas calificaciones. Estabamos completos en el salón, los 4 payasos que nunca faltan (entre ellos Yo), los estudiosos (Yo también), los caídos de la mata que nunca entienden, la brujita, la inocente, el machito, la callada, la más dulce, los que nunca se unen, los rumberos y la que nunca iba a clase. El liceo entero nos odiaba por ser tan burlistas, a una muchacha 2 años menor que nosotras le compusimos un poema por no ser tan agraciada fisicamente, decia algo como: sube tu cara que estoy enamorada de tus bigotes y tu mirada y de tus cejas ajuntadas. Pobrecita. Era realmente fea. Son demasiadas las historias
de clases, las veces que se cayeron, la que siempre se orinaba de la
risa, cuando hacíamos trampa en los exámenes, las burlas
hacia los profesores. Yo creo que mi grupo y Yo deberíamos unirnos
y pedir perdón a todos... Mentira creo que los vemos y nos burlamos
de nuevo. Mariale Escribile
al autor
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